Él había planeado declarársele después de los exámenes de admisión a la universidad, pero al ver que se la pasaba imaginando cosas, decidió que era mejor formalizar su relación cuanto antes.
Por eso, esa misma tarde camino a casa, la besó. Y desde ese día, empezaron a ser novios.
...
Cerró el álbum, guardó todo de nuevo en la caja, sacó la cinta adhesiva y volvió a sellarla.
Esas cosas, al igual que sus recuerdos, quedarían encerradas para siempre.
Apenas empujó la caja debajo de la cama, Renato entró a la habitación. Ella le sonrió ligeramente:
—¿A qué subiste?
Renato recorrió el cuarto con la mirada:
—Vi que te tardabas mucho, así que vine a ayudarte.
Magdalena sacó el resto de la ropa de su armario, pero Renato se la devolvió a su lugar:
—¿Para qué llevas tanto? No hace falta complicarse.
Era ropa de otoño que había comprado el año pasado, y le gustaba mucho el estilo:
—El clima está empeorando, me van a servir.
Renato cerró la maleta de golpe:
—Cualquiera diría que Renato Jiménez no tiene dinero para mantener a su propia mujer.
Magdalena se quedó sin palabras.
Renato tomó la maleta y bajaron juntos las escaleras. Justo al llegar a la planta baja, el celular de Magdalena comenzó a sonar. Era Lázaro Guzmán.
Le echó una mirada culpable a Renato, y justo en ese momento, él también la observó:
—Lleva un buen rato sonando. ¿Por qué no contestas?
Presionó el botón de rechazar llamada, guardó el celular en su bolsillo y respondió con total calma:
—Es de esos números de estafas.
Tras despedirse de Octavio y Beatriz, ambos salieron de la casa. Al alejarse en el auto, Magdalena vio el vehículo de Lázaro estacionado en la acera. Él estaba recargado en el auto con el teléfono en la oreja. Justo entonces, su celular volvió a sonar.

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