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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 351

Hoy ella llevaba puesto un abrigo rojo largo que resaltaba el rubor natural de sus mejillas, y sus labios, enrojecidos por el picante, le daban al rostro un aire sumamente encantador y fresco.

Él no pudo resistirse y le dio un breve y suave beso en los labios. El rostro de Magdalena se encendió aún más, luciendo más deslumbrante que una flor al sol.

En aquel lugar había muchas otras parejas, y a menudo compartían la misma porción de comida, así que escenas como esa eran de lo más habituales; nadie les lanzó miradas extrañas.

Magdalena sostuvo el vaso caliente de café con leche, con el rostro aún ardiendo.

—Estamos en la calle, eres un hombre de estatus.

Renato le acarició la cabeza con cariño, le tomó la mano y juntos abandonaron el Callejón Gastronómico. Al día siguiente debían visitar la mansión principal, por lo que no fueron a ningún otro lugar y condujeron de regreso a Bahía del Sur.

La ropa había quedado impregnada con el olor mixto de los puestos de comida. En cuanto llegaron a casa, Renato fue directamente a ducharse mientras Magdalena revisaba el armario buscando qué ponerse al día siguiente.

Cuando se mudó a Bahía del Sur, solo había llevado un par de prendas consigo; pero ahora, su ropa ocupaba más de la mitad del enorme vestidor. Todo era ropa que Renato le había preparado desde que empezó a vivir con él, prendas de las colecciones más nuevas y de moda, muchas de las cuales aún tenían la etiqueta puesta.

Cuando Renato salió del baño, la vio sosteniendo varias prendas y midiéndoselas frente al espejo.

—No tienes que complicarte tanto, vístete como lo haces normalmente.

—¿Cómo crees? Mañana tengo que causarles una buena impresión a tus padres para que no me busquen defectos.

Ella seguía sacando prendas una tras otra, midiéndolas contra su cuerpo. La cabeza le daba vueltas de tanto escoger, sintiendo que ninguna era lo suficientemente formal.

Renato se acercó, le quitó la ropa de las manos, la colgó de nuevo en el armario y la empujó suavemente hacia el baño.

—Ya son las once. Dúchate y acuéstate a dormir. Mañana tenemos que madrugar.

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