Alicia, al ver la cara de frustración de Melisa, soltó una sonrisa llena de burla y superioridad. Había pensado que, si la chica tenía un pase VIP, seguro contaba con un respaldo poderoso, pero resultó ser pura charlatanería.
—Ya me enteré —comenzó Alicia—. Conseguiste tu pase VIP gracias a un patrocinador. ¿Escuché que es Nicanor? ¿El hombre más rico de los Núñez? No me digas que crees que él te va a salvar.
»Nicanor cambia de novia cada semana, eso es muy común. Además, ¿no sabías que Vincent es amigo suyo? Si Nicanor se entera de que fuiste tú quien lastimó a Vincent con esas agujas, ya veremos si su mal genio te lo perdona.
Melisa suspiró en su interior, ya ni siquiera tenía ganas de tomar té.
—Entonces ve a buscarlo a la casa de los Núñez...
No alcanzó a terminar la frase, porque unos pasos apresurados resonaron en las escaleras, seguidos por un saludo excesivamente adulador:
—¡Señorita Serrano!
La madera crujió mientras tres hombres subían.
Alicia se volvió al ver al dueño de la cafetería. Jamás imaginó que el “señorita Serrano” iba dirigido a la chica que tenía al lado, así que habló de inmediato:
—Señor, qué bueno que llega. Necesito que me ayude con algo. No puede permitir que esta mujer...
Pero Alicia no terminó de hablar. El hombre pasó directo de largo, acercándose con una enorme sonrisa aduladora y dejando un contrato sobre la mesa frente a Melisa.
—Señorita Serrano de la mesa 8, ¿verdad?
Melisa asintió con una mirada de confusión.
—¿Qué pasa?
Ante la mirada atónita de Alicia, el hombre siguió sonriendo de oreja a oreja:
—Nada, señorita, solo vengo a entregarle el contrato de traspaso. Esta cafetería es toda suya a partir de ahora. ¿Tiene alguna orden que darme?
Melisa parpadeó sorprendida. ¿Ella? Cuando intentó comprarla, ya marcaba que estaba vendida. ¿Quién la había comprado para regalársela?
Abrió el contrato para echarle un vistazo, mientras Alicia, incrédula, soltaba casi por reflejo:
—¿Ella? ¿No se habrá equivocado, señor?
El expropietario entendió de inmediato que quien había pagado semejante suma de forma anónima no era alguien a quien le conviniera llevarle la contra.
Así que le siguió el juego sin pensarlo.
—¡Así es! A partir de hoy, la señorita Serrano es la dueña del lugar. ¿Qué están esperando ustedes dos?
—¡Sáquenla ya!
El hombre hizo un gesto despectivo con la mano, como espantando una mosca, y los guardias agarraron a Alicia por los brazos de inmediato.
Frente a la mirada de todos, Alicia fue arrastrada por la fuerza desde el segundo piso hasta la calle y lanzada al suelo. Su impecable traje ejecutivo quedó lleno de tierra.
Semejante humillación la dejó hecha un desastre. Sintiendo las miradas curiosas de los transeúntes, usó su bolso para taparse la cara por pura vergüenza, subió torpemente a la camioneta, cerró la puerta de un portazo y le gritó al chofer:
—¡Arranca!
Desde el segundo piso, Melisa pudo ver toda la escena con claridad: cuando la puerta de la camioneta se abrió, unas manos jóvenes y atractivas se asomaron desde el interior para ayudar a Alicia a subir. ¡Y ese perfil definido que se alcanzó a ver por un segundo delataba que se trataba de otro integrante de alguna banda juvenil!

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