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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 736

En la mesa del jurado, el profesor William frunció ligeramente el ceño, mientras que la vicedirectora Irene puso los ojos en blanco, con una expresión de exasperación. Ambos ya sabían cuál sería el trágico final de ese grupo de estudiantes.

Melisa ni siquiera parpadeó. Acercó el micrófono y su voz resonó clara en el auditorio:

—Adelante.

Matias se acercó a un piano de cola que estaba a un lado del escenario y comenzó a tocar una improvisación con actitud despreocupada.

La melodía no era compleja en apariencia, pero tenía un toque excéntrico. Unos cuantos acordes saltarines que evocaban el blues, mezclados con progresiones de semitonos poco ortodoxas y un ritmo que aceleraba y frenaba sin previo aviso.

Menos de quince segundos después, se detuvo y miró a Melisa con aire desafiante.

Un silencio sepulcral cayó sobre la sala. Todas las miradas se clavaron en el cuarto asiento de la mesa del jurado.

Sin necesidad de tomarse un segundo para pensar, Melisa habló en el instante exacto en que Matias levantó las manos del teclado:

—La estructura base de la melodía es una escala de blues en Sol, pero las notas tercera y séptima están ligeramente alteradas, lo que le da un aire al 'maqam', el sistema melódico del Medio Oriente. En cuanto a la progresión armónica, usaste una variante compleja del acorde de séptima de dominante con novena aumentada y trecena menor en el quinto grado. Tu intención era generar tensión y color. En cuanto a su desarrollo...

Hizo una pausa de un milisegundo, viendo cómo el rostro arrogante de Matias empezaba a perder color, y prosiguió:

—Si fuera Bach, habría utilizado un estricto contrapunto, tomando tu melodía como un bajo ostinato o tema central para desarrollar un canon o fuga exquisitos entre las diferentes voces. Beethoven, por otro lado, probablemente...

Melisa expuso cada punto con una fluidez y precisión milimétricas. Cuando terminó, miró fijamente a Matias.

—¿Deseas que agregue algo más?

La actitud rebelde de Matias había desaparecido por completo, siendo reemplazada por un asombro abrumador y un leve rastro de vergüenza.

Melisa no solo había descifrado con total exactitud el esquema de su improvisación, ¡sino que en cuestión de segundos había planteado deducciones magistrales que cruzaban diversas corrientes musicales! ¡Eso no era solo memoria enciclopédica; era una comprensión instintiva y profunda del alma de la música y de la esencia de cada época!

—N-no... no hace falta —respondió Matias con la garganta seca, retrocediendo silenciosamente hacia el grupo. Su arrogancia inicial se había esfumado sin dejar rastro.

El primer retador había sido aniquilado en un parpadeo.

Los estudiantes de la Clase S, que conocían de sobra el monstruoso talento de Matias, cambiaron radicalmente de actitud. Borraron sus sonrisas burlonas y adoptaron expresiones de suma cautela.

—¡Yo sigo! —Una chica con lentes de armazón dorado y aire intelectual dio un paso al frente. Era Sara Valente, la genio de la teoría musical—. Señorita Melisa, por favor analice la tercera pieza de las *Cinco piezas para orquesta* Op. 10 de Webern. ¿Cómo se combina la técnica del serialismo con la melodía de timbres, y cómo impacta esto en la fuerza estructural de la obra?

—Ambos tienen un talento innegable. Si siguen desarrollándose en la Clase S, tienen un gran futuro por delante.

Al ver cómo despachaba a los dos estudiantes más formidables de su nivel como si fuera un juego de niños, el resto del grupo entró en pánico total.

El rostro de Samuel era un poema de terror. ¡Jamás imaginó que Melisa fuera una entidad tan aterradora, una enciclopedia musical viviente y una máquina de análisis humanoide!

—¿Alguien más tiene preguntas? —La mirada de Melisa recorrió con calma al grupo que estaba al pie del escenario.

Si hasta los genios supremos de la Clase S se habían inclinado ante ella, ¿quién sería tan estúpido para ir a buscar su propia humillación?

Los mismos prodigios que minutos antes se creían intocables estaban ahora en un silencio de tumba. Muchos incluso bajaron la cabeza, incapaces de sostenerle la mirada a Melisa.

Con tranquilidad, ella tomó la lista que tenía a su lado. Era el registro de todos los estudiantes de la Clase S que iban a ser evaluados ese día.

La hojeó sin mucho interés, luego levantó la vista y fijó sus ojos directamente en Samuel, que había estado intentando esconderse detrás de sus compañeros.

—Bien, ahora es mi turno de preguntar. Empezaremos con Samuel Luján —La voz de Melisa cruzó por el sistema de sonido y se clavó en los oídos de Samuel—. Parecías muy en contra de mi teoría sobre la partitura antigua de la época de aquel rey legendario. Muy bien, entonces usaré los conocimientos propios de tu carrera musical para hacerte una pregunta.

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