La puerta se cerró.
Estela se quedó paralizada, temblando de pies a cabeza.
Desde el pasillo escuchó la voz coqueta de la mujer: "Ay, director, qué malo eres, ¿acaso quieres que ella nos mire?".
Y luego la risa burlona de Hansel.
A Estela le fallaron las piernas y cayó de rodillas.
Recordó los años en los que Hansel vivía arrodillado a sus pies.
Recordó la sumisa sonrisa en su rostro cuando lo llamaba "perro".
Recordó el dolor fugaz en sus ojos cuando ella le decía: "No sirves ni para limpiarle los zapatos".
Había creído que eso era amor y que él debía soportarlo.
Pensó que con solo mover un dedo, él haría lo que fuera por ella.
Pero ahora se daba cuenta...
Eso no era amor.
Él simplemente se había tragado cada humillación, guardándola durante años, esperando este preciso momento para devolvérselo todo.
Estela se acurrucó en el suelo, con los hombros sacudiéndose por el llanto.
Por fin entendía lo que significaba cosechar lo que uno siembra.
¡Qué implacable había sido Dani Soto!
No supo cuánto tiempo pasó, pero finalmente los ruidos sugerentes de la habitación terminaron. Hansel salió en bata y, al verla tirada en el suelo, la miró con absoluto desprecio; ya no había ni un ápice de emoción en él.
—¿Ya entiendes lo que yo sentí? —Le levantó el mentón con brusquedad y dijo con frialdad—: Si alguna vez me hubieras amado de verdad, no habría aceptado la propuesta de Dani de destruirte.
Estela sabía que no había marcha atrás, así que respondió con amargura:
—¿Crees que ahora estás mejor? Solo cambiaste de dueño, ahora eres el perro faldero de Dani.
—Para mí, sigues sin llegarle ni a los talones a Dani —lo confrontó sin miedo—. Él tiene valor y estrategia, perdí contra él y lo asumo. Tú solo te colgaste de su triunfo. En realidad, el que controla el Fondo sigue siendo Dani, ¿no? Tú eres solo su marioneta.
Hansel sonrió levemente y le dio unas palmaditas en la mejilla.
—No intentes ponerme en su contra, no me voy a pelear con él. A diferencia de ti, conozco perfectamente de lo que son capaces él y Melisa. Y sé que lo que él me prometió, me pertenece. Somos aliados.
—Ah, por cierto —dijo Hansel antes de irse, asegurándose de dejarle un último recado—, ¿sabes por qué al final Dani prefirió arriesgar su vida y sacarse el chip?
Estela lo miró en silencio.
Hansel sonrió.
—Porque casi asesinas al bebé que esperan.

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