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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 867

Vasco Soto se apoyaba en su bastón, mirando el hermoso paisaje decorado para la ocasión, y sintió un nudo en la garganta.

—Menos mal que al final pudiste ser feliz —murmuró, con la voz un poco ronca—. Qué bueno.

Los invitados fueron llegando poco a poco.

Asistieron figuras importantes de la política y del ejército de Monteverde, titanes de los negocios, eminencias de la medicina, famosos del mundo de la música, pacientes que Melisa había curado en el pasado, y compañeros de armas que habían enfrentado la vida y la muerte junto a Dani.

La melodía empezó a brotar de los dedos de Orfeo, acompañada por una pequeña orquesta de cámara.

Todas las miradas se fijaron en el inicio del pasillo.

Y apareció Melisa.

Llevaba un vestido de novia de un blanco inmaculado. No era uno de esos vestidos exagerados con colas enormes, sino de un diseño sencillo y muy elegante.

La falda estaba bordada a mano con flores y enredaderas muy finas; con cada paso que daba, parecía que cobraban vida.

Su velo era largo y llegaba hasta su cintura, con pequeños detalles de perlas en el borde que brillaban suavemente con el sol.

Del brazo de su abuelo Leopoldo, Melisa caminaba paso a paso, segura y firme hacia Dani.

Él llevaba un impecable traje blanco, hecho a medida, con un ramillete que combinaba a la perfección con el lirio del valle que ella sostenía. Su cabello estaba perfectamente arreglado y lucía más imponente y apuesto que nunca.

Él la observaba sin pestañear, como si temiera que al cerrar los ojos despertara de ese hermoso sueño.

Se miraron a los ojos, y Melisa sonrió levemente, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Por fin, llegó a su lado.

Dani extendió la mano y la tomó con suavidad.

Le sudaban un poco las palmas y temblaba ligeramente.

Melisa lo miró y le susurró:

—¿Nervioso?

Dani asintió, con la voz ronca:

—Sí.

Melisa sonrió y le apretó la mano:

—Yo también.

El maestro de ceremonias era Mateo. Él, un hombre acostumbrado a lidiar con todo tipo de situaciones y eventos masivos, ahora se aclaraba la garganta por los nervios, intentando que su voz sonara normal:

—Hoy estamos aquí reunidos para presenciar la boda de mi hermana. El camino no ha sido fácil para ellos, estoy seguro de que muchos de ustedes lo saben.

Alguien rio por lo bajo entre el público.

Mateo respiró hondo y continuó:

—Mi hermana... por culpa de un descuido nuestro cuando era pequeña, pasó por muchas penurias. El que ella sea la mujer excepcional que es hoy, no es gracias a los Núñez, es mérito propio, conseguido paso a paso.

Hizo una pausa, mirando a Melisa, con la voz algo temblorosa:

—Por eso, cuando empezó a salir con Dani, yo me opuse. Teníamos miedo de que saliera lastimada. Miedo de que la vida que tanto le costó construir se arruinara de nuevo.

El público guardó un profundo silencio.

Mateo sonrió y añadió:

—Pero ella, con sus acciones, nos demostró que no se equivocó al elegir. Y Dani también nos demostró que él vale la pena.

Se dirigió a Dani con mucha seriedad:

—Espero que la cuides con tu vida.

Desde el público, Nicanor gritó:

—¡Yo no tengo muchas habilidades, pero sí sé repartir golpes! ¡Si te atreves a lastimar a mi hermanita, juro que te busco y te destrozo!

Todos estallaron en risas.

Mateo también sonrió y le hizo un gesto con la mano:

—Ya está, guarda silencio.

Mateo se hizo a un lado y dejó subir a Orfeo.

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