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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 869

Melisa apoyó la cabeza en su pecho y dejó escapar una suave risa:

—¿De qué me das las gracias? Ahora eres el papá de nuestro hijo, es mi deber asegurarme de que estés completamente sano.

Levantó la vista y lo miró con una chispa traviesa en los ojos:

—Además, si estás curado, vas a poder acompañarnos por muchísimo más tiempo.

Dani bajó la mirada y depositó un beso en su frente.

—Claro que sí.

Se quedaron abrazados un buen rato, contemplando la puesta de sol.

Luego, Melisa se movió un poco, se separó de él y dejó el vaso de jugo a un lado antes de volver a mirarlo a los ojos.

Dani se cruzó con su mirada y, de inmediato, sintió que algo tramaba.

Últimamente, conocía demasiado bien esa expresión en ella.

—Melisa... —empezó a decir, pero ella ya se había puesto de puntillas, entrelazando sus brazos alrededor de su cuello para atraerlo hacia ella.

—Hay que celebrar —murmuró, rozando sus labios contra la barbilla de él, con una voz aterciopelada—. ¿Te parece?

A Dani se le movió la nuez de la garganta.

—Me parece bien —dijo, rodeándole la cintura con los brazos, pero tocándola con mucha delicadeza, como si temiera romperla—. Pero ahora mismo estás...

—Siete meses y todo está perfecto —lo interrumpió ella, dejando que sus manos recorrieran su pecho con soltura—. Soy doctora, conozco mi cuerpo mejor que nadie. No hay ningún problema.

Él aún miraba su abultado vientre con dudas:

—Pero...

—Dani —ella pronunció su nombre de pronto, con un tono casi de queja—. ¿Acaso no quieres?

Dani se rindió de inmediato:

—No, no es eso, claro que quiero.

Melisa sonrió, sus ojos formaron dos medias lunas hermosas:

—Más te vale.

Lo tomó de la mano y comenzó a tirar de él hacia la recámara.

Dani se dejó llevar, murmurando por el camino:

—Pero prométeme que si te sientes mal, paramos enseguida. Nada de hacerse la valiente...

—Sí, sí, ya sé.

—Tengo que ser cuidadoso, vamos a ir muy lento...

Afuera ya era completamente de noche y las estrellas iluminaban el cielo.

En la habitación, los dos estaban fuertemente abrazados. Mucho tiempo después, Melisa, apoyada en el pecho de Dani, comenzó a hacer pequeños círculos con el dedo sobre su piel.

La mano de él seguía posada sobre su vientre, acariciándolo rítmicamente.

—¿Estás cansada? —preguntó.

—No mucho —Melisa bostezó—. Solo tengo un poquito de sueño.

Dani le besó el cabello:

—Duerme, yo me quedo cuidándote.

Melisa cerró los ojos y se acurrucó más en él.

—Dani.

—¿Dime?

—El asistente del Presidente Héctor Lozano me contactó.

La mirada de Dani se endureció y su tono se volvió filoso:

—¿Qué? ¿Qué quiere ahora?

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