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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 872

—Eres increíble, mi amor, eres increíble...

—Estoy aquí, siempre estaré aquí contigo...

Melisa lo miraba. Veía su rostro concentrado, la inmensa preocupación y devoción en sus ojos, y sentía una mezcla de ternura y tristeza.

En el momento cúspide del dolor, cuando casi perdía el conocimiento, todavía podía escuchar su voz susurrándole al oído:

—Melisa, escúchame bien. Si te pasa algo, te juro que me voy al más allá contigo y con el niño.

Esa frase la hizo reír de pura indignación. Abrió los ojos de golpe y lo fulminó con la mirada: —¡Ni aunque te mueras tú me va a pasar algo a mí!

Él la miró con los ojos llenos de lágrimas, pero esbozó una sonrisa.

Y justo en ese instante, una fuerte contracción la atravesó. Ajustó su respiración, pujó con todas sus fuerzas, soltó un grito ahogado y...

El llanto de un bebé inundó la sala de partos.

El equipo médico rápidamente tomó al bebé para limpiarlo, y la partera anunció con alegría: —¡Felicidades, es un niño!

Dani ignoró el comentario por completo. Se inclinó para pegar su frente a la de Melisa, aferrando su mano, con el corazón destrozado al ver todo lo que ella había sufrido.

—Nunca más te dejaré pasar por esto —le prometió, aún temblando, no por la sangre, sino por el miedo de haberla perdido.

Melisa sonrió débilmente al escucharlo. —Ya pasó... ve a abrazar a tu hijo.

Cuando Dani tomó a esa pequeña criaturita en brazos, al ver esa versión en miniatura de sí mismo, sus ojos enrojecidos finalmente derramaron lágrimas de pura felicidad.

—Hola —susurró, con la voz completamente rota—. Soy papá.

El pequeñín se removió, soltó un bostecito diminuto y siguió durmiendo.

Dani sonrió.

Una sonrisa mucho más cálida que los rayos de sol que entraban por la ventana.

Regresó junto a Melisa con el bebé en brazos y lo acostó suavemente sobre la almohada, junto a ella.

Melisa giró la cabeza para ver a esa pequeña vida, y sus ojos también se llenaron de lágrimas.

—Se parece a ti —dijo.

Dani negó con la cabeza: —Se parece a ti, es hermoso.

Melisa sonrió y extendió la mano para acariciar la mejilla del bebé.

—¿Cómo lo llamaremos? —preguntó—. Hemos hablado de esto por meses sin llegar a nada. Ahora que ya nació, ¿tienes alguna idea?

Dani lo pensó un momento y dijo con firmeza: —Fidel Soto Serrano.

Melisa se sorprendió un poco.

—Fidel, por fidelidad —explicó él—. Te prometí que jamás me apartaría de tu lado en esta vida. Él es nuestra promesa encarnada.

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