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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 875

—Voy a regresar a mi país —lo interrumpió ella—. Pero igual, te agradezco el detalle.

Sin embargo, el hombre respondió casi por instinto: —¡Yo puedo ir contigo! Puedo buscar trabajo allá.

—No es necesario —replicó Teresa, conteniendo sus emociones para intentar persuadirlo—. Y tampoco te acerques tanto a mí, Felipe. Al menos no si quieres mantener una vida tranquila.

Por desgracia, lo que para ella era una advertencia, en los oídos de aquel hombre se transformó en un llamado para ser su héroe. Sintió que debía ayudarla a deshacerse definitivamente de la sombra de su ex, lo que solo fortaleció su obsesión de estar con ella.

Por otro lado, tras encontrarse con Teresa, Nicanor pasó toda la noche sin poder pegar un ojo. Finalmente, le envió un mensaje a su hermana Melisa.

[La encontré.]

Para Melisa, esto significaba que los engranajes del destino, que habían estado detenidos, volvían a girar.

Pensó un momento y le envió a Nicanor un archivo completo, acompañado de un mensaje.

[Hermano, Teresa ya no es la misma niña ingenua de antes. Ahora es madre y una mujer empoderada en su carrera. Espero que entiendas que debes llevar las cosas con calma. Aprende de Dani, sé un poco más tierno.]

Si Nicanor intentaba dominar a Teresa a la fuerza, como lo hacía antes, el resultado sería exactamente el que Melisa temía.

Al abrir los documentos, Nicanor por fin supo qué había estado haciendo Teresa durante los dos años que estuvo desaparecida.

Había cambiado de identidad para continuar sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes. Debido a su embarazo, no fue sino hasta que estuvo a punto de dar a luz que se internó en el hospital, donde casi muere por complicaciones en el parto.

Después, se graduó como madre soltera, viajando por el mundo con su pequeña y entregando a Comercial Novierra diseños deslumbrantes y perfectos, uno tras otro.

Todos esos bocetos que recientemente habían arrasado en la industria fueron creados por ella de manera anónima.

En los días que pasó sin él, sufrió muchísimo, pero su vida fue plena.

En las fotos se la veía con tantas sonrisas que parecía... que ya no lo necesitaba en absoluto.

Nicanor sintió un dolor agudo en el pecho. Se llevó la mano al corazón; le resultaba insoportable aceptar la realidad de que ella podía vivir su vida sin él.

Una semana después.

Teresa dobló la última prenda para guardarla en la maleta y echó un vistazo a su alrededor. Estaba a punto de despedirse de ese pequeño departamento que había sido su hogar durante casi un año.

—Mami, ¿a dónde vamos? —preguntó la pequeña Lulú, sentada en la cama, balanceando sus piernecitas y abrazando un osito de peluche.

—A nuestro país —Teresa se acercó y le alborotó el cabello suave—. Regresamos a la tierra de mamá. Allá está la empresa para la que trabajo, y mamá tiene que ir a la oficina.

—¿Allá hay comida rica?

—Claro, hay muchísimas cosas deliciosas. Todo lo que le gusta a mi Lulú.

A la niña se le iluminaron los ojos: —¿El tío Felipe también va a ir?

Las manos de Teresa se detuvieron un segundo.

Felipe.

Durante esa semana, la había buscado a diario, ayudándola a empacar, jugando con Lulú, y a ratos la miraba como si estuviera a punto de decirle algo importante. Ella sabía perfectamente lo que él quería decir, pero no quería escucharlo.

Había cosas que, desde el principio, estaban destinadas a no ocurrir.

Sonó el celular.

Era un mensaje de Felipe: [Te vas mañana. Déjame invitarles una última cena a ti y a la niña esta noche. La última vez. ¿Nos vemos en el súper?]

Teresa se quedó mirando esa frase un buen rato.

La última vez.

Soltó un suspiro y respondió con una sola palabra: [De acuerdo.]

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