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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 917

Mariano llevaba ropa casual, haciéndolo lucir un par de años más joven que el día de su cita a ciegas.

Se bajó para abrirle la puerta a Teresa. —Vaya que sabes elegir hotel, el lugar es muy pintoresco.

Al subir al auto, Mariano comentó: —Está un poco escondido. Para ir a la montaña es ideal, pero para salir a comer, no hay mucho.

Teresa se puso el cinturón y sonrió: —Como vengo de trabajo, la comida pasa a segundo plano.

Veinte minutos después, llegaron al callejón de comida detrás de la Universidad de Linares.

Apenas se bajó, Teresa fue envuelta por una oleada de aromas; cientos de olores a guisos callejeros se mezclaban en el viento frío de otoño.

Mariano la guio hasta un humilde local.

El dueño, un hombre robusto de unos cincuenta años, sonrió al verlo. —¡Mariano, muchacho! ¡Cuánto tiempo sin verte!

Mariano lo saludó animado y escogió una mesa junto a la ventana, apartándole la silla a Teresa. —Siempre me ha encantado comer en estas fonditas. No sé si sean de tu agrado, pero vale la pena probar.

Teresa se apresuró a decir: —No soy nada exigente. Además, la mejor comida se esconde en estos rincones, eso le da su toque auténtico.

Mariano pidió bastantes platillos, en su mayoría comida muy condimentada, con mucha grasa y picante. Tras pasar tantos años en el extranjero, el estómago de Teresa ya no toleraba tanto picante, pero el aroma era irresistible y el pescado tenía un sabor espectacular.

Soportando el ardor, Teresa comió bastante. Mientras charlaban plácidamente, unos jóvenes estudiantes se acercaron y saludaron a Mariano entre risas: —¡Profesor Mendieta! ¡Sí es usted! ¡Pensamos que nos estábamos imaginando cosas!

Mariano levantó la vista, los reconoció y sonrió. —¿También vienen a cenar?

Una chica con coleta asintió, clavó la mirada en Teresa, se le iluminaron los ojos y preguntó pícaramente: —¿Ella es la novia del profe?

La mano de Teresa se detuvo al sostener su vaso y miró a Mariano por inercia.

Mariano solo rio, echándole un vistazo a Teresa. —Vayan a comer sus tacos y dejen de andar de chismosos.

Otro chico intervino: —¡Está muy guapa, profe! ¡Qué buen gusto tiene!

Teresa aclaró algo incómoda: —Por ahora solo somos amigos.

—¡Nuestro profe es un pan de Dios! ¡Piénselo bien, señorita, es el soltero de oro!

Mariano los cortó rápido. —Ya, ya, dejen de molestar. Vayan a lo suyo, que se les va a enfriar la comida.

Los alumnos se fueron entre risas, despidiéndose de Teresa. —¡Adiós, cuñada! ¡Visítenos en la universidad otro día!

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