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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 981

Esa actitud distante y formal podía pasar desapercibida, pero la frase "simple empleada" hizo que Orfeo frunciera el ceño con disgusto. —Tú no eres una "simple empleada".

Emilia levantó los ojos. —Claro que lo soy, especialmente comparada con usted.

El tono de Orfeo se volvió más frío. —El trabajo que tú haces no lo puede realizar una persona común. Más que empleada, el título que mejor te define es el de artista.

—¿Por qué de pronto te subestimas tanto? —preguntó, confundido.

Las pestañas de Emilia temblaron ligeramente. —No me estoy subestimando; tan solo acepté mi realidad y encontré el modo de vida que más me conviene.

—¿El modo de vida que más te conviene? —replicó él de inmediato—. ¿Mauricio?

Emilia tomó una gran bocanada de aire antes de responder: —Siento que estar a su lado me hace bien. Encajo a la perfección con ese tipo de vida.

Agarró sus cosas y dio media vuelta, lista para macharse.

Pero Orfeo no dejó de mirar su espalda mientras le soltaba: —Si me preguntas a mí, diría que te estás obligando a apagar tu propia luz para amoldarte a un hombre con una autoestima inexistente. Él solo intenta arrastrarte a su pozo y convertirte en una persona mediocre.

—Cada persona tiene derecho a vivir como le plazca —defendió Emilia.

Se detuvo, giró sobre sus talones y lo encaró con total seriedad. —La mayoría de nosotros llevamos una vida ordinaria, carecemos de los lujos y las extravagancias a los que ustedes están acostumbrados. Y sí, conozco bien a Mauricio. Es cierto que se siente intimidado por ti y por el dinero, pero esa es la reacción natural de un hombre común frente a uno de los hombres más ricos de la ciudad. No puedes culparlo.

—¿Y qué hay de ti? —la cuestionó Orfeo—. ¿Acaso compraste su misma mentalidad?

—Solo decidí abrazar una vida ordinaria y estable —una sonrisa cansada asomó en los labios de Emilia—. No creo que tenga nada de malo. ¿Acaso la felicidad de las cosas simples deja de ser felicidad? Al final... es imposible que me vaya peor que antes, ¿verdad?

—¿Pretendes que me quede atada a ti para siempre, cediéndote el control como una demente hasta marchitarme en la miseria? Eso sería una verdadera irresponsabilidad de mi parte.

Dicho esto, dio media vuelta y salió de la habitación.

El apuesto rostro de Orfeo se convirtió en una máscara de hielo. Apretó su puño con tanta fuerza que la sangre empapó las vendas al instante. Una enfermera que pasaba por ahí se alarmó y entró corriendo a curarlo.

Llegó el fin de semana y Mauricio invitó a Emilia a cenar en su casa.

Le dijo que cocinaría un buen corte de carne con verduras asadas y abrirían una botella de vino tinto que se había esmerado en elegir en el supermercado.

Mientras se lo proponía, se acarició la nuca con timidez. —No soy muy bueno en la cocina, pero vi un tutorial. Espero que quede pasable.

Emilia accedió.

Con un suéter tejido de color claro, el cabello suelto y el rostro al natural, se sentó en el modesto apartamento de Mauricio y se quedó observándolo lidiar torpemente con la carne en el sartén.

Capítulo 981 1

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