CAPÍTULO 23
Intento no sonreír como tonta a cada cinco segundos, el atún en lata que Sergei me acaba de entregar, se desliza suavemente por mi lengua hasta llegar a mi garganta; al menos esto sacia un poco mi hambre. Ninguno de los dos nos imaginábamos que nuestra primera vez juntos iba a ser de esta manera. De cierto modo sigo sorprendida al saber que seguía siendo virgen, pero eso solo me demuestra el maravilloso hombre que es el italiano. Sus ojos azules me observan y debo bajar la mirada hacia mi alimento para no reírme como una adolescente que acaba de conocer a un chico guapo.
Han pasado muchas cosas desde mi rompimiento con Liam, puedo decir que las cosas no salieron como las había planeado. Pero creo que de todas esas situaciones malas he ganado algo bueno. Algo que está frente a mis ojos. Él vuelve a mirarme mientras que dibuja una sonrisa pícara en sus labios y está vez no puedo evitar sonreír. El magnate se rueda hasta donde estoy para sujetarme con fuerza del cuello y así poder besar mis labios. Toco mi pecho al sentir como mi corazón late con demasiada fuerza.
—¿Estás bien, cariño?—asiento a su pregunta—Tu padre ya debe de estar llegando, quiero que sepas que cuando lleguemos a Barcelona; tú y yo vamos a estar juntos...—baja la cabeza y debo tomar su mentón para saber que está pasando por su mente—Es la primera vez que amo a alguien y también quiero que sepas que cuando estaba con Jessica…—volteo la cara para otro lado de solo escuchar su nombre—, nunca le fui fiel…—elevo mis cejas asombrada—Ella sabía que no la amaba y aun sabiendo todo lo que hacía seguí allí, pero… Contigo las cosas son distintas.
Besa mi frente—¿Por qué?—inquiero queriendo escucharlo de su boca.
—Porque yo a ti te amo y a ella no, porque no sería capaz de tocar a otra mujer que no seas tú. Porque estoy en la oficina, en alguna junta, en mi casa o de fiesta y la única mujer que se me viene en ese justo momento… Siempre eres tú.—me tira del brazo para volver a besarme y por primera vez en mi vida siento como estoy soñando despierta.
—Tomo medicamentos todos los días por mi trastorno psicólogo—es difícil para mí hablar sobre estoy y más confesarlo a alguien—, soy impulsiva y no confío en la mayoría de personas que no sean mi familia. Nunca amé en realidad a Liam y menos a Thomas por mucha conexión que teníamos, no puedo comprender que es lo que siento por ti y temo que termines aburriéndote al ver lo inestable que soy. Hay días en que no quiero ver a nadie y otros en donde paso todo el día llorando en silencio. Podría mandarte al demonio en cualquier momento pero por dentro no quiero que te alejes. Mis pastillas me dan depresión en algunas ocasiones y en otras solo soy yo. ¿Estás dispuesto a soportar todo eso? Hoy tienes la oportunidad de…—dejo de respirar al sentir como se me ha tirado encima para besarme. El magnate ha colocado su mano por debajo de mi cabeza para que no me golpee con el suelo. Su boca hace estragos sobre mis labios, su lengua saborea la mía. Sus manos sujetan mi rostro para que no me mueva. Él me está aceptando. Él está diciendo que sí y no puedo evitar llorar como una niña pequeña. Me escondo en su cuerpo, ese mismo que me acaba de hacer mujer.
—Puedo hablar con sus padres si lo deseas…—acaricia mi cabello mientras habla—Quiero que te sientas segura de mí, que jamás haría algo para lastimarte. Eres la mujer que deseo conmigo—se separa para que pueda verle a los ojos—¿Me entiendes?—asiento con la cabeza.
—Mi familia está pasando por un mal momento por Sandara y Gabriel, si revelamos lo nuestro ahora, estoy segura que mi abuelo y mis padres incluyendo a tus hermanos nos separarían…—agarro su mano—Lo mejor para ambos es que mantengamos esto en secreto por un tiempo, hasta que podamos revelar la verdad. Además, Thomas no sabe que tú eres parte de mi familia…
Arruga la frente—Soy el tío de tu primo, no tengo registro sanguíneo contigo, lo nuestro no está mal. Tú y yo no somos familia y sé que debes llamarme de esa forma porque también le dices tío a Alexander cuando en realidad no compartimos el mismo ADN.
Me separo de él al escuchar un helicóptero acercarse, me incorporo para agitar las manos y darle a entender a mi padre que estamos aquí—Nada va a cambiar entre nosotros apenas lleguemos a casa. Te lo primero.—acaricia mi espalda con algo de disimulo—Pero esto será nuestro secreto, debemos guardarlo porque es algo solo de los dos.
Me echo hacia adelante para desprenderme de él, papá fulmina con la mirada a Sergei y es allí donde caigo en cuenta que sigue sin camisa. El magnate se percata de esto y logra cubrirse con una toalla de baño. Desde las alturas nos tiran una escalera y soy la primera en subir. Abrazo con fuerza a Akim apenas estoy cerca de él.—¿Mi bebé está bien?—asiento en sus brazos—Tuve tanto miedo de perder a mi princesa Dara, papá estaba asustado, no vuelvas a hacerme esto ¿Entendiste? Mamá nos espera en la mansión Smirnov junto a tus primos, Maya, Thomas y la novia de Sergei.
El italiano entre cierra los ojos apenas escucho lo último—No sé qué carajos hace Jessica en la mansión, pero déjeme y le aclaro algo señor Akim, ella y yo no tenemos nada… Nada…—papá me suelta y puedo ver en su rostro que está molesto.
Mi abuelo estaba a punto de quitarme una de mis tarjetas de crédito cuando vio que saqué a la rubia plástica de Jessica Clark de la mansión Smirnov agarrada de las greñas, es que bueno, lo que aún no me quedó muy en claro fue como le hizo para saber lo que estaba sucediendo entre nosotros dos.
En la madrugada no pude dormir muy bien que digamos, así que me he detenido en la cafetería en donde compro mis bebidas diarias para intentar alejar este estúpido sueño del demonio porque hoy tenemos una junta directiva demasiado importante. Los empleados de la compañía familiar me saludan y yo los saludo de vuelta. Sergei se asoma por el cristal de su oficina y me hace una seña para que llegue hasta donde él. La secretaria de mi padre me da algunos documentos y sonrío al ver como baja las persianas del cristal quizás para que nadie nos interrumpa.
Toco un par de veces su puerta y solo entro cuando escucho su voz.
—Buenos días, señorita Smirnov, su padre acaba de viajar a México ¿Cómo amaneció hoy?—pregunta detrás de su escritorio—Te ves hermosa, cariño.—mueve su dedo índice para que me acerque a él.
—Tengo fatiga, pero estoy bien...—abro los ojos al sentir como tira de mi brazo para que me siente sobre sus piernas. Sus manos agarran mi cuello para así poder tomar mi boca como suya. Su beso es suave y delicado.—Nos pueden ver…—abro la boca cuando su mano se desliza sobre mis piernas intentado abrirse paso en mi sexo.
—Te voy a tomar aquí y ahora… No lo soporto más…Quédate quieta, yo haré todo el trabajo…—y por primera vez en mi vida le soy obediente a alguien… Estoy dispuesta a jugarme todo por él…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña