CAPÍTULO 24
Me siento tan caliente por dentro que debo tocar mis mejillas para saber si no tengo fiebre. Sergei se zafa la corbata y se da varias palmadas en su muslo derecho para que me acerque a él. Miro por un momento todo a mi alrededor en busca de algo que nos pueda exponer pero el «Todo estará bien, pequeña» del magnate me deja un poco más tranquila. El italiano me pide que solo levante mi falda hasta la altura de mi estómago y deslice por mis piernas mi braga para que pueda hundirse en mi coño. Doy algunos pasos torpes hasta llegar en donde se encuentra sentado; la adrenalina provoca que mi corazón desee salirse de mi pecho, si alguien nos encuentra haciendo esto, ambos estamos acabados.
Me subo en sus piernas separando mis muslos, el rubio desea que alce un poco mis glúteos para que él pueda liberar su polla y debo mirar hacia otro lado al verla tan enorme e imponente apuntando hacia mí como siempre. El italiano pasa su mano por la parte trasera de mi cabello para así poder acortar la distancia que nos separa. Sus labios arremeten contra los míos, mientras que su lengua me prende aún más. Lo escucho rasgar un sobre y sé que está listo para esto. Sus manos me sujetan de las caderas para así penetrarme hasta el fondo.
Debo enterrar mis dientes sobre su hombro al sentir el ardor infernal que esto me provoca—¿Estás bien? —me pregunta, pero solo puedo asentir, su miembro dentro de mí se siente tan vibrante que no dudo ni por un momento empezar a montarlo. El hombre de ojos azules se aferra a mi estómago al sentir como muevo mis caderas hacia todos los lados; sé que él tendría que hacer todo esto, pero no puedo soportarlo más.
Sus enormes manos tocan mis pechos por encima de la tela de la camisa, ya que no podemos quedar completamente desnudos por si algo llegase a pasar. Muerdo mi labio inferior para no liberar los gemidos que estoy conteniendo y así no llamar la atención de nadie. Una capa de sudor baja por mi frente hasta llegar a mi cuello, y cuando creo que estoy tocando el orgasmo que se viene, el magnate me embiste con tanta fuerza que tengo miedo de que caigamos de la silla giratoria. Mis dedos tocan sus labios al ver como sonríe y no puedo resistir besarlo.
—¿Te gusta, pequeña? —asiento—¡Te he hecho una pregunta! ¿Te gusta? ¿Te gusta lo que le hago a tu coño? ¿Te gusta sentir como estoy dentro de ti sin piedad? Eres solo mía, Dara. Nadie tiene este derecho, solo yo… Solo yo…—esconde su rostro en el hueco de mi hombro derecho.
—Me…—hago el intento de responder—Me… Me gusta… Me gusta mucho lo que me haces sentir…—muevo con más rapidez mis caderas. Mis pies están en puntilla sobre el suelo y debo aferrarme a su cuello cuando ambos aceleramos nuestros movimientos. Estoy a nada de explotar.
—Me voy a correr, nena…—lo observo fruncir el ceño, besa mis labios y se derrama dentro de mí. Su cabeza se pega sobre mis senos y acaricio su cabello para que descanse un poco.—Te amo, pequeña mía…—lo miro a los ojos—Te amo tanto que la idea de vivir sin ti ya no es vida…Te amo y te deseo tanto que me estoy volviendo loco, tan loco que me gustaría gritarle al mundo que eres solo de Sergei Russo…—prenso mi labio inferior mientras que miro hacia su estómago—Sé que aún no estás lista y nunca haría algo que no deseas…—los dos giramos hacia la puerta principal de la oficina al escuchar la voz de mi abuelo. Sergei me arrastra hasta debajo de su escritorio y me pide que guarde silencio. Lo veo levantarse. Como puedo acomodo mi ropa y me peino un poco. Miguel a entrado al lugar.
—¿Te encuentras bien de salud, Russo?—cuestiona el líder de la familia Smirnov; Sergei se vuelve a sentar en donde hace algunos segundos hacíamos el amor, me tapo la boca al ver los pies de mi abuelo—Jessica Clark es una buena chica, de buena familia, aún no entiendo porque rompiste el compromiso con ella…—jala una de las sillas frente al escritorio para poder sentarse. El magnate mira hacia donde estoy y le sonrío logrando contagiarlo.
—Me gusta alguien más…—suelta de la nada y me altero. Él sigue sin dejar de mirarme—Hay otra mujer en mi vida, Miguel. Una que me llena por completo y estoy dispuesto a todo por ella.
Logro escuchar el suspiro hondo del abuelo—¿En serio? Tu hermano y tú son tan parecidos en eso. Alex luchó por mi esposa hasta las últimas consecuencias. Una vez casi muero en un accidente aéreo y aunque él pensó que ya había ganado la pelea nunca imaginó que yo había salido victorioso de la guerra. ¿Te gusta mucho esa mujer?—el italiano asiente haciendo que mis mejillas se vuelvan rojizas.
—Demasiado… Tanto que quiero ver sus ojos hasta el último día de mi vida.
—¡Vaya muchacho, en realidad estas enamorado! ¿Quién es la afortunada? ¿La conozco?—el italiano vuelve a mirarme—Dios, muero por conocer a la chica que enamoró a Sergei Russo. Todavía me acuerdo cuando me robabas los condones de mi habitación cuando mis nietos aún eran unos bebés ¿Cuántas chicas fueron cuando tenías diecinueve?—abro los ojos y él no puede evitar mirarme fijamente.
El rubio se quita la corbata—Vamos, hermano, me haces ver como si fuese un mujeriego…—se detiene—Bueno, sí, fui un maldito mujeriego de lo peor, pero esta mujer tiene todo lo que me haría quedar con ella. Da...—¡Rayos, iba a decir mi nombre!—Dalia… Dalia, es una buena chica…—sus mejillas están rojas. El abuelo se ríe.
—Hablando de mujeres ¿Hoy has visto a Dara?—¡Dios, soy yo de nuevo…!—la secretaria de mi hijo dijo que la vio entrando aquí…—Sergei pasa saliva—Pero veo que no está… Sabrán que con la edad uno puede ver cosas donde no las hay…—vuelvo a taparme la boca al ver mi braga debajo de la silla del magnate. Debo hacer algo ahora mismo antes que el abuelo se dé cuenta. Estiro mi mano todo lo que puedo y se activan mis alarmas de peligro al escuchar la silla donde estaba sentado Miguel rechinar. Sergei abre los ojos al levantarse de igual forma y con algo de disimulo zapatea mi ropa interior que guardo en mis pechos al observar como el italiano sale de su puesto.
—Me acabo de enterar lo que Thomas le hizo a Dara…—carajo... ¿Por qué mi abuelo tenía que hablar de eso ahora?
Sergei está en silencio por unos segundos—¿Ahora que hicieron esos niños? —pregunta de forma tranquila.
—El niñato besó a Dara a la fuerza.—escucho un gruñido—Pero de manera sorpresiva el chico fue a hablar con Akim de lo que hizo, él siempre nos ha parecido un buen muchacho muy a pesar de su posición social. Nunca hemos visto eso, al menos él tiene los pantalones para decir lo que estuvo mal y lucha por mi nieta. Ojalá ella pueda ver eso.
Me bajo para acomodar mi falda y poder salir primero de su oficina, todos están tan absortos en las tareas de hoy de la compañía que nadie se ha percatado que he salido de allí. Camino hasta la sala de juntas, pero me detengo al ver a Jessica entre cómo perra por su casa en las instalaciones de Globe Tecnlogy Inc. Sus ojos se agrandan apenas me ve y como si las cosas no se hubiesen puesto peor, el español llega después de ella.
Jessica se levanta con algo de disimulo para sentarse al lado del italiano, su mano se desliza por su cuello y cuando menos lo espero le da un beso en su mejilla para nada inocente—¿Puedo ir a tu casa esta noche?—la escucho susurrar.
—En dos semanas lanzamos el nuevo producto de la compañía, Dara y Sergei han hecho un magnífico trabajo y creo que esto será un éxito—declara el tío Ethan. Todos aplauden menos la plástica de «Tetassica»
Me levanto de la mesa apenas terminamos pero alguien me tira de la mano, Thomas.
—¿Podemos hablar un momento?—el rubio no deja de verme aún teniendo a la estúpida de su ex colgada de su brazo—Tengo reservaciones en tu restaurante favorito y me gustaría…
—No.—respondo dándome la vuelta. El español vuelve a tomarme de la mano.
—Siento tanto lo que hice, necesito que me perdones, sabes cuánto te quiero y no quiero salir de tu vida.—Sergei se tensa—Salgamos solo esta vez…
El abuelo Miguel se coloca a mi lado—Un Smirnov escucha y luego saca sus conclusiones. Deberías escuchar al muchacho ¿Qué opinas tú, Russo?—¡Santa Virgen de las no vírgenes!
Pone mala cara—Yo no me meto en cosas de niños, Dara es lo suficientemente grande para saber que quiere y que no…—responde con seriedad pero sus manos me dicen otra cosa.
Jessica se mete—Podemos tener una cita de cuatro…—¡El tinte se le fue para el cerebro! El italiano baja los hombros y sonríe. Hay vamos de nuevo…

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