Capítulo 60
Sergei Russo
—Quítate la falda, y convénceme primero de no matar a ese hijo de puta…—Fue lo primero que le dije cuando los celos tocaron mi sistema. Podía sentir como mis manos temblaban con solo la idea de verla con otro. Mi corazón comenzó a latir con demasiada fuerza, mientras que un escalofrío me recorrió la espina dorsal con el hecho de perderla.
—¡No me voy a quitar nada!
Ella demandó, y bajé la cabeza, lo comprendía, el secreto que estaba guardado lo estaba jodiendo todo. —Tengo algo que decirte…
—¡¿Me pusiste los cuernos?!
Preguntó alterada, y no supe que responder.
—¡Joder, Sergei Russo! ¿Me pusiste los cuernos con Liliana?
Apreté el volante de mi coche porque las palabras no querían salir de mi boca, si bien. —No…
—Mierda… Mierda… ¡Me asustaste!
Apreté mi labio inferior, entre tanto mis pestañas no dejaban de parpadear con rudeza. Debía decírselo ahora. Debía tomar este camino si quería que mi relación con Dara fuera para siempre como lo deseaba.
—Te mentí en algo… —Por fin pude verla a la cara. —Quiero que sepas que no fue mi intención engañarte… Quiero que sepas que te amo con toda mi alma, y eres la persona que más deseo en mi vida…
—¡Dilo!
Gritó de manera eufórica.
—Liliana y yo fuimos novios en la universidad…
Hubo un silencio prolongando de silencio.
Dara miró sus manos, y luego a través de la ventana de mi coche, lo siguiente que hizo fue mirarme con odio; podía sentir su presencia pesada, entonces comenzó a jalarse del cabello de un instante a otro. Sus manos se enterraban en su cuero cabelludo. Traté por todos los medios controlarla, pero el ataque de pánico que le estaba causando esto era yo. Yo era el culpable de su crisis.
—¡Cálmate! ¡Respira! ¡Respira!
—¡Te dije que me dijeras la verdad! ¡Te dije que necesitaba la verdad de tu boca! ¡La verdad enseguida! ¡No ahora!
Entré en pánico al verla abrir la puerta de mi camaro, para luego salir caminando con fuerza lejos de mí. Como pude agarré las llaves de mi vehículo, y caminé detrás de ella. Por nada del mundo podía dejarla sola ahora mismo.
—¿Me dijiste toda la verdad?
—¿Qué?
—¿Me contaste todo?
—Nena…
Dara se cruzó de brazos.
—Dime todo, por favor…
Miré mis pies por un instante.
—Angelo… Angelo es el hijo de Liliana…
—¿Y?
Ella rugió alterada.
—Y mío…
Apreté los ojos porque lo último que quería era verla sufrir, sin embargo, a cambio de eso solo escuché carcajadas sonoras que me hicieron sentir extraño. Apenas abrí los ojos Dara estaba sentada en el suelo muerta de la risa. Las personas a nuestro alrededor nos quedaban viendo, y aunque intenté darle mi mano para levantarla, mi prometida solo la abofeteó.
—¿Eso te dijo?
—Sí…
Respondí en automático.
—A veces me sorprende que el heredero del mafioso italiano más poderoso de Europa sea tan estúpido…
—¿Qué dices?
La pelinegra se secó las lágrimas.
—Liliana te mintió, su hijo no es tuyo…
—¿Cómo sabes eso?
—¡Joder, Sergei! ¡Soy una maldita Smirnov! ¡¿Crees que no sabía la verdad?! ¡Solo necesitaba saber hasta donde llegabas con tu jodida mentira! ¿Un hijo? ¿Tan fácil te lo creíste?
Ni siquiera supe que responder.
—Apenas esa perra entró a nuestras vidas le dije a mi abuelo que la investigara, y vaya sorpresa me llevé cuando supe que mi jodido marido le metió la polla a una sucia mujer que no era yo…
—Dara…
—¡Cállate! —Me agarró del cuello —, nadie te ha dicho que hables…

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