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Me perteneces, pequeña romance Capítulo 63

Capítulo 61

Han pasado casi cuatro semanas desde que Liliana abandonó el país.

Han pasado casi cuatro semanas en donde Sergei y yo pudimos arreglar nuestras fallas, y seguir adelante con nuestros deseos de casarnos. Mi madre entra en la habitación en donde me están maquillando para mi boda. Siento un nudo en la garganta porque tuvimos que atravesar por demasiadas cosas para llegar hasta este sitio. Hasta culminar nuestro amor.

—¡Te ves preciosa!

Grita mamá a punto de llorar.

—¡Sí lloras yo lloro!

Dicto, abanicándome el rostro.

—Sergei está nerviosa, está con tu padre en la otra habitación.

—¿Se ve guapo?

—¿Tú que crees?

Bajo la cabeza para sonreír.

—¿Cómo le hiciste para durar tanto tiempo con papá y siempre amarse?

Mi madre desvía la mirada, para luego volverme a ver, se le notaba la nostalgia en sus ojos. —El amor, hija, el amor todo lo cura, todo lo vence, todo lo puede…

—Tengo miedo…

Siento sus brazos alrededor mío, y me calmo y poco.

—Es normal sentir miedo el día de tu boda—, Mía me coloca un collar que era de ella. —Es un regalo por parte de tus padres.

Mis manos tocan la joya.

—Es hermosa, mamá…

No puedo evitar rodearla con mis brazos como solía hacerlo cuando era pequeña.

—Los invitados nos están esperando.

Intento levantarme, sin embargo, todo comienza a darme vueltas.

—¡Dios! ¡Dara! ¿Qué te pasa?

Cierro los ojos, y respiro profundo.

—No lo sé, llevo días con ganas de vomitar, y mareos…

Mamá se aleja de mí.

—¿Ya te vino el periodo menstrual?

—¿Qué de que hablas?

—¡Mierda! ¡Mierda!

—¿Qué pasa?

Mía corre hacia la salida, y veo a Pedro, el hombre de confianza de la familia venir por su llamado. —Consigue una prueba de embarazo… Que sea discreto, te lo pido.

Caí sentada sobre la silla detrás de mí, ¿Yo? ¿Embarazada?

De repente la puerta es abierta de par en par, papá y Sergei están aquí, ambos se ven pálidos, y a punto de desmayarse. Mi futuro esposo se arrodilla delante de mí, y besa mis manos.

—¿Vamos a ser papás?

Miré a mi madre, Pedro realmente no sabe que es la jodida discreción.

—Solo tengo mareo…

—¡Joder! ¡Con razón tienes dos semanas de retraso!

Encaró, alejándose de mí, Sergei está sonriendo.

—¿Cómo que tengo dos semanas de retraso?

—Te llevo las cuentas… Cosas de hombres posesivos.

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