Capítulo 57
Dara Smirnov
Mi corazón late tan rápido que me es imposible respirar, reviso rápidamente mi mano al notar el enorme diamante que reposa tranquilamente sobre mi dedo. He aceptado al amor de mi vida, he aceptado ser su esposa, y las ganas de llorar me hacen presentes, mientras que mi cabeza reposa sobre su pecho. Mis manos se aferran a él, al único hombre que he amado de verdad y la felicidad desborda tanto de mi cuerpo que comienzo a sentirme débil ante él.
De repente sus manos se instalan sobre mis hombros, y en un movimiento casi brusco me separa de su lado. Sus ojos están idos, como si las ganas de irse de aquí lo obligaran a alejarme de su presencia. Trato de sonreír por un momento, tal vez el auge del momento nos ha puesto nerviosos a todos, pero al verlo revisar su móvil sé que algo no está bien.
—¡Felicidades!
Grita, papá al acercarse a nosotros, Sergei medio sonríe casi obligado, así que intento disimular el incomodo momento. Un nudo se forma en mi garganta, pero velozmente sacudo mi cabeza tratando de sacarme de mi cabeza todas esas malas ideas; hemos pasado por mucho juntos, así que de seguro está casando.
—Gracias, papá… —Masculló, limpiando la humedad de mi rostro.
—Bienvenida a la familia, —esta vez es mi cuñado. —Otra Smirnov para la familia… —Mi abuelo lo golpea en la boca del estómago, y todos nos soltamos a reír. —Estoy tan feliz que el pequeño Sergei haya encontrado una buena mujer, y que mejor que la nieta de mi enemigo…
La abuela Victoria negó, rodeando con su brazo la cintura de Miguel, el abuelo la observó con desdén, como si estuviese orgulloso de su gran historia de amor. Una historia que conocía a la perfección.
—Creo que los Russo nos están ganando en número… —Mi madre suelta de la nada, provocando que el abuelo colocara mala cara.
—¿Eso crees?
Pregunta el líder de esta familia, señalando a su nuera con su bastón.
—¡No van a pelear ahora! —Grité, para que todos se calmaran, —¿Podemos solo celebrar que me voy a casar con el amor de mi vida? —la música clásica del fondo me calmó un poco, mi barriga se sentía pesada por el silencio de Sergei. —¿Pueden dejarme a solas con mi prometido por un momento?
—¿Qué?
Dice papá de la nada, haciendo que el italiano saliera de sus pensamientos.
—Necesito hablar con Sergei.
El empresario elevó las cejas, tal vez al no comprender que estaba sucediendo, sin embargo, al notar como mi familia dejó la enorme sala de baile de la mansión Smirnov, comprendió que algo no estaba bien.
—¿Qué pasa, amor?
Lo empujé con una de mis manos, el rubio abrió los ojos con exageración, mirando con asombro el golpe que le propiné en su pecho.
—¡¿Qué te pasa a ti?!
Dije con voz tranquila, lo último que quería ahora mismo es que nuestros padres nos escucharan pelear; Sergei trató de acercarse, aunque lo volví a empujar lejos de mí.
—No te entiendo, ya nos comprometimos…
—¿Qué acabas de decir?
Mi mano tocó impulsivamente mi pecho.
—No lo quise decir en ese tono, amor… Espera… —Me giré sobre mis pies para irme de aquí.
—¡Me haces ver como si yo fuera la loca que te rogó que te casaras conmigo! ¿Qué sucede contigo, Sergei Russo?
Su mentón empezó a temblar, aunque las esperé que las palabras salieran de su boca, y estás jamás llegaron.
—Te preguntaré de nuevo…
—¿Qué cosa?
Sus hombros se bajaron, y su voz se suavizó.
—¿Tú y Liliana tuvieron algo que ver?
Silencio.
—No.

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