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Me perteneces, pequeña romance Capítulo 23

CAPÍTULO 22

Sergei me observa con los ojos bien abiertos, mientras que yo intento reincorporarme desde el piso. La luz se va y vuelve cada cinco segundos. La tormenta es tan fuerte que sacude la embarcación y es casi imposible moverse dentro de esta. Mi corazón late con fuerza y aunque intente devolverme hacia la habitación en busca de mi móvil y así llamar a mi padre por ayudar, volver allí sería prácticamente un suicidio. El italiano sujeta mi mano cuando el agua que se ha colado en el yate quiere arrastrarme.

—¡Sujeta mi mano con fuerza!—el agua nos cubre los pies—Te prometo cielo que nada te va a pasar. Yo estoy aquí y no voy a permitir que nada te suceda…—el rubio de ojos azules como el cielo desliza su mano por encima de mi hombro para aferrarse a mí con más fuerza. Le observo completamente mojada por el agua del océano ingresar algunos números en el tablero electrónico que le da acceso al puesto de control en donde está el capitán de la embarcación.

El sujeto nos mira horrorizado—¡Señor Russo! La tormenta ha llegado de un momento a otro, me acabo de comunicar con el centro meteorológico de España y han dicho que esto es un fenómeno extraño, ha aparecido de un instante a otro y…—se va la luz de nuevo. Camino hacia las ventanas enormes del yate pero retrocedo al ver una enorme ola venir hacia nosotros.

—¿Eso… Eso…?—se me corta la voz, el magnate me jala hacia su cuerpo al percatarse de que es lo que está sucediendo—¡No quiero morir, Sergei! ¡No deseo morir!—grito como desquiciada, él acaricia mi cabello para acto seguido acunar mi rostro sobre su pecho desnudo—¡Llama a mi papá! ¡A la guardia costera! A quien sea…—ambos nos caemos cuando el capitán hace el primer intento de desviar el yate hacia el sentido contrario de la ola gigantesca.

Mi rodilla derecha se golpea contra el suelo y una pizca de sangre tilda de rojo el agua de la habitación. El magnate agarra con vehemencia mi mano para así no perderme de vista pero de nada sirve porque el zigzag que ha hecho el hombre encargado de controlar el vehículo acuático me ha alejado de él. El agua sigue entrando y espabilo al sentir de nuevo la luz pegar con insistencia sobre mis ojos. Estoy asustada y el miedo se apodera de mi cuerpo.

—¡Agarrarse con fuerza, estoy a punto de romper la ola!—no sé qué significa eso pero el estruendo que acabo de escuchar me da a entender que no es nada bueno. Sergei se arrastra hasta donde estoy para cubrirme con su cuerpo. Lo escucho susurrar algunas cosas pero solo quiero centrarme en el azul de sus ojos y así convencerme a mi misma que vamos a salir muy bien librados de esto. Un pitido en mis oídos me bloquea a tal punto de que el magnate debe darme un par de zarandeadas para que logre moverme. El capitán se sienta en una de las sillas de comando y sé que todo ya a pasado al escucharlo reírse a carcajadas.

—Estamos sin comunicación pero vivos…—espeta mirando al suelo inundado—Si a alguno de ustedes les funciona aún su móvil, llamen a sus familiares. Tenemos provisiones para algunos días, pero este yate se puede hundir quizás…—el magnate me mira—en algunas horas. Las olas se llevaron el bote salvavidas y lo siento señor… Le he fallado en esto…

Me arrodillo sobre el suelo para luego colocarme de pie y así poder ir hacia la habitación en donde están mis cosas. Sergei toma mi mano y termino soltándome para apresurar mi paso. Gracias al cielo aquí adentro nada pasó a mayores, corro hasta la cama en donde está mi bolso y con mis manos temblorosas saco mi teléfono que se encuentra apagado.

—¿Dónde está el tuyo?—cuestiono al ver que no hace nada para salir de aquí—Sergei… ¿Qué estás tramando? Maya ya se tuvo que haber dando cuenta que no estoy en casa y conociéndola como la conozco en este justo momento debe estar en la mansión Smirnov. El abuelo me mandó hacia tu casa para la firma de esos malditos documentos—los señalo sobre el nochero a un costado de la cama—Si alguien llega a sospechar de lo nuestro… —frunzo las cejas—¿Por qué estás sonriendo como idiota?

Él da un paso hacia mí para arrebatarme lo que tengo en las manos, sus ojos brillan un poco—Porque adoro que ya puedas ver un futuro conmigo, amo que digas lo nuestro porque eso quiere decir que me ves como tuyo así como yo te veo como mía.

Me suelto, mi estómago se siente vacío mientras que mi corazón bombea tan fuerte que me duelen las costillas—Yo no dije nada de eso, dije lo nuestro… Porque…—titubeo; guardo silencio al sentir sus enormes manos aferrarse a mis mejillas y su boca a mis labios. Su lengua se abre paso entre mis dientes hasta que por fin se une a la mía. Mi entrepierna empieza a palpitarme y ahogo un grito cuando me sube sobre su cuerpo obligándome a abrir las piernas rodeando así su cadera.

Mi espalda pega contra la pared y gimo al recibir sus labios sobre mi cuello—Quiero tenerte más tiempo así, deseo hacerte el amor tanto pero tanto que mi olor quede prendado de tu cuerpo. Mi polla quiere invadirte mi pequeño cielo y aunque estamos en emergencia; jamás dejaré pasar una oportunidad de estar contigo.—la respiración se me corta cuando echa hacia un lado mis bragas. Con algo de destreza y sin soltarme abre una de las gavetas del guardarropa para así sacar un pequeño paquete plateado. Miro su pecho al percatarme como lo rasga con los dientes y baja la mano quizás para colocárselo.

¿Dónde estás Dara Smirnov? Maya está en casa llorando porque no te encontró en Blue Sky…

—Estoy bien…—miro al italiano—Solo que el abuelo me envió a darle unos papales al tío Sergei y…—le pego cuando se ríe delante de mí, le hago una seña para que se comporte—Él me ha pedido que lo acompañe a ver a unos clientes en el muelle de Barceloneta, como ellos no llegaron le insistí en que diéramos un paseo en el yate que compró y…

Escucho la voz del abuelo junto a Victoria preguntando que es lo que sucede a esta hora de la madrugada.

—¡¿Puedes terminar?! Nos tienes asustados, hija ¿Estás herida? ¿Sergei te tocó?—abro los ojos y niego como si ellos pudieran verme.

—Una tormenta nos interceptó de la nada y estamos varados a mar abierto, papá el yate se puede hundir en cualquier momento…—guardo silencio al sentir las manos del magnate apretar mis glúteos.

—¡Por Dios! ¡Por Dios, Dara!—ese es Thomas, cuelgo al escuchar la voz de Jessica. Creo que apenas lleguemos a casa tendremos muchas cosas que explicar…

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