Capítulo 58
Sergei Russo
Salgo de mi cama sin hacer ruido con la intención de que Dara no se despierte, y note que me he ido de casa. Son casi las seis de la mañana, y ver su pequeña silueta despertando a mi lado es una gran bendición para mí. Estoy deseando tanto hacerla mi esposa, y dueña de todo mi imperio, y para eso necesito saber la verdad por parte de Liliana.
En silencio me visto casi tan rápido como el sol comienza a posarse de nuevo en el cielo, mi ama de llaves me ve salir de mi habitación, y le hago una seña para que guarde mi secreto, pero, sobre todo, para que por nada del mundo le diga a mi futura mujer en donde estoy.
—¿Qué quiere que le diga a la señorita?
—Dile que estoy en la empresa…
—¿Eso es todo?
Dora me da mi maletín.
—Ella no puede ir a la empresa, debes evitarlo.
La anciana me fulmina con la mirada.
—No eres ese tipo de hombres, Sergei, te crie, y sé que no serías capaz de serle infiel…
Le hice una seña con la mano para que no continuara hablando, ¡Por supuesto que no soy ese tipo de hombres! ¿Cómo se le ocurre tan si quiera imaginar que sería capaz de engañar a la mujer más hermosa del mundo? Eso me convertiría en un completo estúpido.
—¡Claro que no, Dora!
—Menos mal, porque si no, yo misma se lo digo a la niña.
—Pensé que estabas de mi lado.
Le doy un beso en la cabeza.
—Del lado de la señora Russo…
Sonreí como un completo tonto al oírla llamar de esa manera a mi Dara, un nudo se formó en mi garganta porque este era mi sueño, añoraba con el día de convertir a esa diminuta mujer que duerme ahora plácidamente en mi cama en mi esposa ante Dios y el mundo entero; añoraba con el día de hacerla oficialmente mi mujer.
Con cuidado dejo mis cosas en el asiento de copiloto de mi jaguar negro, para ahora agendar una cita en mi oficina con Liliana Ford. Le he solicitado a una de mis secretarias que la convoque a las siete de la mañana en la empresa, porque necesito hablar con ella de urgencias, y sacarme todas estas dudas que tengo sobre su hijo.
Al llegar a la compañía parqueo mi vehículo, para luego dirigirme hacia el elevador del parqueadero. La mañana está fría, y el miedo comienza a carcomerme, ¿Y si ese chico es mi hijo? ¿Qué dirá Dara sobre esto? Sacudo mi cabeza con la esperanza de escuchar una negativa por su parte, sin embargo, una vez que veo a mi ex novia esperando sentada en el pasillo de espera del piso en donde está presidencia algo dentro de mí se hunde.
—Buenos días, Sergi…
Abrí los ojos porque esa la forma en que ella me llamaba cuando éramos novios.
—Soy el señor Russo para ti, señorita Ford.
Pude notar la tristeza en sus ojos.
—¿Para qué me llamaste?
Le guie el camino para que me siguiera, cada paso que daba me costaba demasiado, en el fondo quería saber la verdad, sin embargo, esa verdad podía afectar mi realidad. Mi realidad con Dara, y mi vida con ella. Liliana se sentó en donde le indiqué. Rápidamente tomé mi posición de presidente de esta compañía, tratando de dejar a un lado mi preocupación.
—Escuché que anoche le propusiste matrimonio a Dara Smirnov…
Tragué saliva, y asentí.
—Lo hice, me voy a casar con ella.
Liliana sonrió débilmente.
—¿Le diste un anillo como el que me darías a mí alguna vez?
Apreté mi labio inferior.
—Es mil veces más hermoso…
—Touché, se me olvidaba que eres demasiado honesto con lo que dices…
—Estás aquí porque quiero preguntarte algo, Liliana.
—¿Qué es? Espera… —Me eché hacia atrás al verla levantarse de su asiento, para luego caminar hacia mí; sus manos tocaron mi corbata, acomodándola en menos de un segundo. —Sigues poniéndotelas mal…
Carraspeé la garganta para que se alejara de mí.
—Nuestra relación quedó en el olvido, y espero que te quede claro que mi mujer es Dara…
Una risita se escapó de sus labios.
—¿Esa chiquilla?

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