CAPÍTULO 42
Puedo escuchar mi corazón acelerado, Sergei me sonríe para luego agarrarme con fuerza del cuello y arrastrarme hacia su pecho. Sus ojos azules como el universo me miran con fijeza.—¿Eso es lo que deseas, pequeña?—asiento como una completa tonta, sus manos acarician mis mejillas y brinco al sentir como tira de mis piernas—Eres tan perfecta ante mis ojos, cielo, no sabes lo loco que me volví cuando vi a ese chino tocándote…—sus dedos dibujan trazos por mis piernas desnudas.
Con algo de cuidado posa sus labios en mi pierna izquierda, su lengua dibuja trazos húmedos hasta llegar a mis muslos internos. La sensación es exquisita, tanto que mi vagina se humedece al solo pensar todo lo que el italiano provoca en mi interior. Dentro de mi pecho puedo sentir como los fuegos hacen estragos en mi sistema—Sergei…—gimo su nombre en el justo momento en que ha levantado mi vestido hasta la mitad de mi cintura. Me estoy volviendo loca.
El magnate me acuesta con cuidado sobre la isla de la cocina, mis piernas me arden pero estoy tan ansiosa por recibirlo después de tanto tiempo, que intento ignorar el dolor.—Levanta los glúteos, amor—susurra sobre mi oído, mi piel se eriza al sentir su aliento caliente y con olor a deliciosa menta. Sergei acerca su rostro en mi intimidad y me retuerzo de placer cuando su boca succiona mis labios vaginales.
Las embestidas son suaves pero cada vez que lame mi clítoris debo arquear mi espalda por lo bien que se siente. Quiero mas, quiero mucho mas de esto por el resto de mi vida. El rubio abandona mi sexo para arrancarme el vestido de un solo golpe, me levanta con cuidado para así abrir mis piernas y meterse en medio de ellas; debo esconder mi rostro en su pecho porque su polla está tan endurecida que choca con fuerza contra mis muslos adoloridos y es algo vergonzoso que nos veamos de esta manera.
—¿Me amas?—agarra mi barbilla, desliza el tirante de mis sostén por mis brazos para luego pedirme que los alce para quitarlo—¿Me amas, Dara Smirnov? ¿Me amas tanto como yo te amo a ti? Porque ya yo no veo ni un solo maldito segundo sin ti, pídeme lo que quieras, dime que te dé toda mi fortuna, que me abra el pecho y te dé mi corazón y eso lo haré con gusto por ti. ¿Eres consciente de esta obsesión?—besa la punta de mi nariz. Escucho como abre el cierre de su pantalón para así lanzar lejos la prenda, sus manos masajean su miembro que apunta hacia mí como si reclamara mi cuerpo como suyo.—Dilo, di lo que quiero escuchar, por favor.
Sus mejillas arden, pero no creo que tanto como las mías. Asiento torpemente porque le amo, de verdad le amo—Desde que creí que moriría en el yate contigo, desde que me protegiste de Gabriel, desde que me hiciste tuya pero creo que he sido parte de ti desde siempre… Ah…—prenso mi labio inferior con la primera estocada. Sergei muerde mi hombro con ligereza—Te pertenezco en cuerpo y alma, italiano…—empieza a susurrarme cosas en su idioma natal. Sergei se entierra una y otra vez tantas veces que el sudor empieza a rodearse por mi rostro pero no dura mucho ya que él se encarga de mantenerme segura. Mis brazos lo rodean con fuerza, el fuego se extiende por mis piernas hasta alojarse en el centro de mi estómago.
Puedo sentir como todo este sentimiento se me escapa de mis dedos, antes no estaba para nada segura si esto era amor pero ahora estoy mas que convencida de lo que siento lo es. Es algo que me cuece por dentro. Sus dedos se hunden en mis muslos, sus embestidas son más bestiales que nunca—Nena… Nena… Te necesito, te necesito cada día de mi vida. Prométeme…—separa mas mis piernas. Sergei agarra mi cuello para así poder unir nuestras frentes—Promete que nunca me vas a dejar, porque yo el amor de tu vida ¿Verdad?
Sonrío y asiento, observo su rostro y cierro los ojos recordando todo lo que ha hecho por mí desde que me conoció. Me he dado cuenta demasiado tarde pero como lo dijo mamá, amas en el justo momento en que todo dentro de ti se detiene y solo piensas en una sola cosa. En él.—No sabía si era amor pero te amo, Sergei, te amo…—mi voz tiembla, es la primera vez que se me escapa de mi boca este sentimiento que ha nacido de la nada. Es amor. Lo es.—Te amo, cariño, te amo de verdad…
El italiano afirma su agarre para enseguida apoyar su frente sobre mi hombro y estocarme como si no hubiese un mañana. Es como si quisiera decirme todo lo que siente ahora mismo con su polla entrando y saliendo de mi interior—Te cuidaré, te atesoraré y juro que jamás te haré daño, pequeña mía…—esto se siente tan íntimo; sonrío al saber que sus palabras son verdaderas, que esto es real tan real como mi cuerpo reaccionando a cada uno de sus roces.
Él me ama, me ama tanto que daría cualquier cosa por mí, Sergei me sostiene de las caderas para cargarme aún estando en mi interior. Sus besos son suaves y calientes, este amor se me está escapando de mis dedos y siento que cada día que pasa dependo mas de esto. Soy amada, amada por el italiano. El rubio se sienta sobre el borde de mi cama, me mueve con sus manos de adelante hacia atrás con lentitud logrando que me humedezca mucho más.
—Soy feliz contigo, Sergei…—susurro sobre sus labios—Es mi primera vez amando a alguien ¿Puedes enseñarme como se hace? Tengo tanto miedo de perderte… Eres mi lugar seguro… Tú eres mi lugar seguro en el mundo y solo puedo ir a ti—muerde mi labio inferior, sus dedos limpian las lágrimas que ruedan por mis ojos—Te necesito. Te necesito cada maldito día de mi vida…
Me coloca sobre el suave colchón para volver a hundirse en mí, deja descansar su cabeza sobre mi pecho mientras su trasero sube y baja llenándome de él—Eres la mujer del italiano y no sabes lo que estoy intentando controlar para no llorar delante de ti. Te deseo cada día de mi vida.
Gimo con más fuerza cuando sus embestidas vienen una tras de otra, lo rodeo con mis piernas para sentirlo mucho más profundo. Debo arquear la espalda al sentir la gloria que Sergei me ha hecho tocar. Medio minuto después, él se corre en mi interior.
El italiano me atrae hacia su pecho para así acariciar con delicadeza las hebras finas de mi cabello. Estoy segura. Estoy segura…
(***)



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña