Entrar Via

Me perteneces, pequeña romance Capítulo 44

CAPÍTULO 43

El magnate no me responde, camino un par de pasos para agarrar el artefacto pero su enorme cuerpo me bloquea, Sergei sostiene mi brazo pero me suelto con brusquedad alejándome un poco de él—¿Qué significa todo esto? ¿Por qué cuando siento que todo es calma, vuelve a pasar algo? Dime, amor, ¿Qué está sucediendo? ¿Es por Kim Soo Bi?

Asiente respondiendo a mi cuestionamiento, tapo mi boca con ambas manos mientras que frunzo el entrecejo sin saber que decir ante esto. Sabía que algo dentro de mí no podía fallarme. Es que apenas vi a ese sujeto sabía que tenía tatuado en la frente la palabra «Problemas» —Por eso necesito que te vengas conmigo, cariño, no es que no tenga en cuenta tu voluntad o desee acaparar tu espacio…—acaricia mi labio inferior con suavidad—Eres lo más importante para este hombre ¿Qué será de mí si no te tengo? Andaría perdido por allí o quizás estaría sin vida dentro de un ataúd a tres metros bajo la tierra.—me jala de repente para dejar un beso cálido sobre mi frente—Este italiano no puede vivir sin ti, este italiano es celoso y posesivo contigo porque te ama. Porque quiere proteger a su pequeña ¿Puedes entender esto?

Kim Soo Bi resultó ser lo que dijo Maya, un maldito mafiosos que embarga empresas para lavar su maldito dinero y lo peor de todo esto es que el abuelo Miguel puede empeorar su estado de salud por esta situación y papá no puede regresar por el momento al país. Beso sus labios dándole a entender que lo seguiré a donde él decida ir. Sergei agarra mi maleta de mano con algunas cosas personales y sonrío al notar como su nariz se arruga por la seriedad que tiene en el momento en que abrocha mi cinturón de seguridad revisándolo varias veces como si yo fuese una niña pequeña.

—No tengo cinco años, Sergei… —me quejo al notar como sigue insistiendo con la seguridad—¿A que le tienes miedo?—abre los ojos—Ya te dije que no iré a ningún lado ¿Lo prometimos, recuerda?—su mirada se vuelve cristalina, el magnate italiano baja la cabeza—Te amo…—suelta a reír mientras llora delante se mí. Estoy más que segura que soy la única persona en este mundo que lo ha visto frágil y realmente como es él. Sus manos buscan las mías y aunque debíamos partir a su residencia desde hace algunos minutos, el tiempo que paso a su lado es único, tan único como el milagro de poder amarlo.

—Soy un magnate de treinta y cinco años que ha perdido a muchas personas durante toda su vida…—dejo de respirar, no sé a qué se refiere con eso—No sabes lo agradecido que he estado contigo porque aunque te enteraste que no soy hijo biológico de la familia Russo, no preguntaste sobre esto y aunque me imagino que sentiste curiosidad por saber algunas cosas, tú… Tú me protegiste de Sara y de Alexander… ¿Sabes cuántos han hecho eso por mí?—niego con el corazón en las manos—Nadie…—vuelve a bajar la cabeza—Sé que para ti es extraño que revise tanto tu seguridad o aleje a los tipos que se te acercan o me altere cuando tú no estás. Solo…—prensa su labio inferior y yo solo guardo silencio para escucharlo con atención.—Duré dos años en un maldito orfanato cuándo mamá se suicidó…—oh, por Dios.—Mi padre biológico era…—sostengo su mano, él se está abriendo ante alguien por primera vez y solo puedo ver que también me he convertido en su lugar seguro en el mundo—Era un drogadicto que nos golpeaba a mamá y a mí todos los días y a toda hora. Ella intentaba protegerme en algunas ocasiones ¿Sabes?—sus palabras suenan llenas de nostalgia—Pero le iba peor si lo hacía y yo… Yo solo era un niño que no podía defenderla, los golpes eran normales tanto que ya no sabía que era lo bueno y que era lo malo, un día papá estaba peor que nunca, la maltrató tanto que su sangre se derramaba por todas partes y…

Tapo sus labios cuando su cuerpo empieza a temblar. Sus ojos azules me observan con dolor en su alma y por primera vez veo el dolor reflejado en su ser.

—Yo…—las palabras se me atoran—Yo creí que había nacido de un molde roto, muchas veces intenté buscar mis sentimientos y nunca estaban… Me gritaba a mí misma ¿Dónde están mis emociones? ¡¿Dónde?! Y de la nada…—sostengo su mano—Y de la nada llegaste tú demostrándome que el amor verdadero si existe, yendo contra la ley de la física y amándome; me di cuenta que sí soy suficiente para que alguien me ame…

Ya no soy esa Dara miserable gracias a él, poco a poco estoy controlando mi trastorno y aunque sigo tomando mis medicamentos a diario ya no siento vergüenza, porque Sergei me ha vuelto una mujer fuerte y segura de mí.

—Mamá trabajaba como empleada doméstica en casa de la familia Russo, ella se fue en un momento en que no me di cuenta y como papá fue a la cárcel por el suicidio y la agresión física de mi madre me quedé solo en la vida, tiempo después y de la nada Grace Russo, la madre de Alexander y Sara llegó para sacarme de allí, me cambiaron los apellidos y…

—¿Sara fue mala contigo?—asiente—Eras solo un niño, un pequeño que no tenía quien lo protegiera.

Quito mi cinturón de seguridad para subirme encima de él, jalo la palanca de su asiento para echarlo un poco hacia atrás y así acomodarme un poco mejor. Limpio su rostro con las yemas de mis dedos, Sergei me sonríe e intenta ocultar su rostro pero no se lo permito. Ya entiendo todo, ya entiendo porque desea protegerme tanto. El magnate solo ha perdido en la vida y nunca ganado y ahora que me tiene a su lado ese es su mayor temor.

—¿Me amas?—pregunta haciendo que acerque mi rostro hacia el suyo, el italiano abre los ojos y debo besarlo para que sepa que mi sentimiento hacia él es real.—Me amas…—sus manos agarran con posesividad mis glúteos y por algunos segundos reposo mi cabeza sobre su pecho. Nos amamos. Estaba tan cansada de construir unos muros fuertes solo para verlos caer cada vez peor cuando entraba en crisis o bueno, Sergei volvió a construirlos y ahora son más fuertes que nunca.

Capítulo 44 El infierno se ha desatado… 1

Capítulo 44 El infierno se ha desatado… 2

Capítulo 44 El infierno se ha desatado… 3

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña