CAPÍTULO 44
SERGEI RUSSO
Minutos antes:
Quiero reventarle la cara y que su sangre se derrame por toda la oficina de la familia Smirnov pero si hago eso empeoraría esta situación. Para mí no hay nada más importante en este mundo que mi pequeña mujer. Lo veo salir de la oficina de Miguel con sus aires de grandeza y solo deseo que me den la oportunidad de detonar el arma que llevo en la parte baja de mi espalda sobre su cabeza para así poder seguir sonriendo al lado de Dara. Elle abre los ojos mientras que mi sobrino Izan acaricia con suavidad sus hombros. Me muevo un poco pasando el peso de mis pies de un lado hacia otro intentando controlar estos malditos impulsos de asesino serial que me están volviendo loco.
Observo detalladamente a la hija mayor del ex mafioso ruso y hago puño mis manos al notar su intención de pedir misericordia a este bastardo chino. Los ojos de Kim Soo Bi se abren y sé que significa. Él sabe que tiene el poder sobre todo esto. El coreano camina como un león rugiente en busca de devorar al amor de mi vida. Gabrielle le susurra un par de cosas que no logro escuchar muy bien. El hombre de ojos rasgados se coloca delante de mi mujer.
—Estoy sacando lo que no me gusta ¿No ves, cariño?—toca el mentón de Dara logrando levantar a la bestia que habita dentro de mi cuerpo, levanto la mano para estrellarla contra su horrendo rostro, pero Izan me detiene a tiempo. La pequeña abre sus ojos aterrada y aunque hay pocas cosas que logran desequilibrarla ver el terror reflejado en sus facciones me hacen volver a mis cabales. Hazlo por ella. Hazlo por ella. Me repito una y otra vez para mí mismo.
—Señor Kim…—es Elle—¿Podríamos llegar a un acuerdo de pago? Nuestra compañía ha cometido un error terrible y asumiremos las consecuencias de la mala decisión de mi sobrino Apolo Smirnov.—cierro los ojos porque esto es una jodida burla. Sé y tengo entendido que Gabrielle en su pasado fue capaz de matar por su familia así que verla en este plan de mujer sumisa me saca de mis casillas. Frunzo el ceño y me detengo al notar una luz extraña sobre la chamarra de la heredera de Miguel.
Debo girar mi rostro hacia otro lado, sabía que ella no era así. ¿Así que tienes un plan? Me ha sorprendido en sobremanera esto. Pero Apolo ¿Cómo pudo hacerle esto a su propia familia? A veces la ambición de tener más y más te hacen cometer los peores errores de tu vida; pero en este caso él se ha llevado consigo a todo un imperio. Si esto sale mal ellos perderán las empresas que con tanto sacrificio Miguel construyó para cambiar su destino.
Él sin dudarlo merece la peor golpiza de su vida.
El asiático mira de arriba hacia debajo de forma grotesca a mi pedazo de cielo como si fuese solo un trozo de carne que desea devorar hasta lo más mínimo—Hay una sola manera para que yo pueda disolver este contrato.
Todo esto me grita peligro, tengo tanto deseo de tomar la mano de Dara y huir de aquí con ella antes de que Kim Soo Bi pueda decir que es eso que quiere para poder dejar a los Smirnov en paz. Miro de reojo a mi mujer antes de volver a ponerme en modo defensivo. Elle inhala hondo—¡¿Cuál sería?!—pregunta con un falso entusiasmo.
Me pego al cuerpo de Dara y la agarro de la cintura para así atraerla hacia mí y marcar mi propio territorio, el mafioso coreano camina hasta donde estamos y mi mujer debe alzar la cabeza para poder mirarlo a los ojos—Que Dara me dé una mamada…
Les juro que todo me dan vueltas, ¿He escuchado bien? Todas las personas a mi alrededor me quedan viendo, es como si una ola gigantesca moviese mi cuerpo de un lado hacia otro. Un pitido fuerte en mis odios me hace doblarme de dolor pero lo único que si sé es que esta ofensa no la puedo dejar pasar así porque así. Él a cavado su propia tumba porque el infierno se ha desatado…
Palpeo mi espalda baja y no dudo ni dos veces en sacar el arma que tenía guardada. Tiro del brazo a mi pequeña haciendo que mi enorme cuerpo la proteja a ella. Abro los ojos cuando me percato de que Gabrielle, Izan y su hijo Logan también están armados. Los cuatro apuntamos hacia el chino, pero él sólo sonríe y debo agarrar bien el mango de la cuarenta y cinco al notar como mas de media docena de hombres están esperando la orden de su líder.
Dara me agarra de la americana mientras me susurra algunas palabras débiles—Ella es mi mujer, maldito bastardo…—mascullo con los dientes apretados, puedo escuchar mi corazón bombear con fuerza contra mis costillas. Los empleados empiezan a salir del edificio despavoridos; nada de esto será bueno para la compañía ni mucho menos para nuestro lanzamiento—¿Qué es lo que quieres, Kim Soo Bi? ¿Qué mierda quieres?—señala a la pequeña Smirnov y dentro de mí se activa ese ser bestial que es capaz de hacer cualquier cosa por la mujer que ama.
Corro hasta él tumbándolo de un solo golpe, estrello tantas veces mi puño en su nariz que la sangre comienza a salpicar el suelo; sus hombres dan un primer paso, pero el asiático alza la mano para que se queden en donde están, como puede se levanta para acto seguido pasar su mano por el rastro de liquido rojizo que le he dejado en toda la cara y en la comisura de su labio inferior.—Ya entiendo porque ella hace tantas cosas por ti…—arrugo las cejas porque no sé de qué está hablando—Ambos están locos, pero luego de esto lo único que han logrado es que su empresa se vaya a la mierda…—corro detrás de Dara al ver su intención de golpear con la silla al hombre que prácticamente les ha arruinado la vida. La agarro con fuerza de la cintura y a pesar de tener un cuerpo diminuto ella ha logrado esquivarme. Su mano impacta con fuerza el rostro adolorido del mafioso coreano.



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