Capítulo 51
Respiro con profundidad cuando el miembro de Sergei me penetra con mayor violencia, mis manos se aferran con agresividad contra su espalda, una vez mis caderas no dejan de moverse con brusquedad. Mi cabello se pega contra mi rostro, entre tanto mis pies tocan el piso.
Muerdo mi labio inferior al recibir miles de espasmos contra mi columna vertebral, en menos de diez minutos mi novio debe presentarse en la sala de juntas para una reunión importante con los ingleses, pero en vez de estar preparándose para tal acontecimiento, estamos aquí, follando como locos en la silla de su oficina.
—Hueles tan delicioso, pequeña… —El italiano me susurra en uno de mis oídos, y no puedo evitar sonreír. Lo amo más que mi propia vida. —Hazlo más rápido… —Demanda, para que lo monte con rapidez, lo conozco, adora verme sonrojar encima de él. —Ah… AH… Nena… Nena… —Gime, pero no puedo evitar taparle la boca, si mi abuelo está en la empresa, y escucha sus gruñidos ambos nos vamos a meter en problemas.
—¿Me amas?
Le pregunto, aunque ya sé la respuesta.
—Más que mi vida, señorita Smirnov…
Rodeo rápidamente mis manos por encima de sus hombros para aferrarme mucho más a él. Sergei toma mis caderas con posesividad ayudándome a sacudirme, y cuando menos lo espero, su liquido golpea mis muslos internos. Sus gruesas y enormes manos limpian con delicadeza el sudor de mi frente, para acto seguido besarme como si el mundo se fuese a acabar.
—¿Ya hablaste con tu padre sobre nuestra fiesta de compromiso?
Negué, porque con tantos problemas últimamente en la empresa se me había olvidado. —Hoy cenaremos juntos, y les diré.
—¿Qué les dirás?
Me reta, ahora asomándome la falda.
—Que nos vamos a casar…
Lo último lo susurro.
—¿Qué dijiste?
—Que nos vamos a casar…
Vuelvo a susurrarlo.
—Dara…
—¿Qué?
Digo, alejándome de él.
—¿Te estás arrepintiendo? —Su rostro se desencaja.
—¡No! ¡Claro que no! —Corro hacia él para abrazarlo, puedo sentir como su cuerpo tiembla del miedo. —¿Por qué no querría casarme contigo? ¡Mírate, eres un buen partido! Aunque…
Sus ojos se abrieron.
—¡¿Aunque?!
Repitió mis propias palabras un poco alterado.
—Mis amigas pensarán que te saqué de un geriátrico…
No pude evitar reírme, el magnate italiano tiró de mi mano para obligarme a sentirme en sus piernas. En esta posición mis pies ni siquiera eran capaces de tocar el suelo por lo enorme de este hombre. Sus ojos claros recorrieron mi rostro hasta llegar a mi boca.
—Eres mi pequeña… —La palma de su mano viajó hacia mi cuello, para ahora pegarse a mi boca con tanta necesidad que el aire nos estaba faltando. —Eres mi dulce y preciosa chica…
Intenté besarlo de nuevo, sin embargo, una vez la puerta de la oficina del ceo de la compañía fue abierta con brusquedad, ambos nos separamos tan rápido, que terminé sin previo aviso en el suelo. Mi abuelo nos fulminó con la mirada, se notaba molesto. Su mano sostenía con fuerza su bastón chapado en oro, mientras que sus facciones estaban tan rígidas que parecía que en cualquier momento se podía romper.
—Hay periodistas afuera, Russo…
Sergei se puso en pie para ayudarme a levantar.
—¿Qué sucedió ahora?
Indagó el magnate, colocándome junto a él.
—¿No recuerdas que día es hoy?
Mi novio y yo nos miramos.
—¿miércoles?
—¡No te hagas el estúpido, italiano!
—La muerte de Jessica… Hoy es el segundo aniversario de la muerte de Jessica…
Mi corazón latió con fuerza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña