Entrar Via

Me perteneces, pequeña romance Capítulo 54

Capítulo 52

Las puertas del elevador se abren, mientras que mi novio entra primero con la mirada perdida. Se le nota que está preocupado por haber quedado sin asistente, sin embargo, por hoy trataré de ayudarlo en lo que pueda. Sus ojos recaen en el suelo, ambas manos están dentro de los bolsillos de su pantalón, intento hablar un poco, buscando la manera de distraerlo, pero nada ayuda.

—¿No pueden conseguir una nueva asistente y ya?

—¿Qué?

—Me has estado ignorando desde que Thomas te dijo lo de Tatiana…

—¿De verdad?

Tuerzo los ojos.

—Me vas a decir que te pasa, ¿O me voy?

—Esta reunión es demasiado importante, Dara… El dinero que se ganará cerrando el negocio con la multinacional inglesa elevará el prestigio de mi compañía, nada puede salir mal hoy.

Tomo su mano para darle tranquilidad.

—Lo harás bien… Todo lo haces bien, amor…

Bien dicho, Sergei Russo hace todo bien, menos yo.

¡Santa virgen de las no vírgenes! ¿Qué carajos estoy haciendo? Llevo casi diez minutos desde que bajamos del elevador tratando de organizar unos simples documentos dentro de varias carpetas, y ya me he equivocado varias veces, aunque por nada del mundo voy a admitirlo delante de mi novio.

El italiano se toca la nuca un par de veces, hasta que mi garganta se forma un nudo al observar como los ingleses entran por la puerta principal de la sala de reuniones. Hasta aquí podía oler el aroma a éxito que se cargaba ese grupo de personas. El presidente de la multinacional Jonhson se detiene ante mi prometido, lo observa con seriedad, para luego sonreír mostrando todos los dientes.

—¡Russo!

De la nada se abrazan.

—¿Cómo te va? ¿Estuvo bien tu vuelo?

Termino de organizar los papeles, mientras que ese par habla.

—¿Te acuerdas de mí?

Una voz femenina sale de la nada, la chica estaba escondida detrás del británico; venía vestida de traje formal de dos piezas, con tacones cerrados que a leguas se notaba de diseñador. Su cabello abundante y rubio cubría la mayor parte de su espalda. Sus ojos enormes y abrazadores de color azul se veían infinitos, y ni hablar de la sedosidad de su piel, y la forma provocativa de su cuerpo.

—¿Liliana?

Abrí los ojos cuando Sergei pronunció con tanta familiaridad su nombre, aunque un nudo se formó en mi garganta al verlo levantarla del suelo con tanta alegría como si hubiese visto a la virgen misma.

—¡¿Cómo has estado?! ¡Tenía tanto tiempo sin verte! Yo… Te extrañé…

Apreté la mandíbula, y caminé con pasos firmes hacia mi futuro esposo, el presidente de la multinacional me miró como si hubiese visto a un jodido fantasma, para luego posar sus ojos en mi mano entrelazada con la del italiano.

—¿Quién es ella?

Liliana pronunció confundida.

—¿Yo? —Sonreí, posando mi cabeza en el brazo del rubio, —Soy la prometida de Sergei…

Sus ojos se abrieron.

—¿Te vas a casar? —Ella indagó con la voz entrecortada, —¿De verdad te vas a casar?

¿Por qué notaba cierto dolor en su pregunta?

Di un paso hacia adelante dispuesta a colocarla en su sitio, sin embargo, la mano del italiano me detuvo. Él me conocía, sabía que no me costaba nada reventarle la cara para que aprendiera a respetar lo que es mío.

—Liliana y yo… —Lo miré con horror, —fuimos compañeros de universidad.

Sergei tragó seco.

—¿Compañeros? —Liliana dijo de la nada—, Sí… Fuimos muy buenos compañeros de universidad… ¿Dónde está tu anillo?

—¿Perdona?

Ella señaló mi mano.

—Dijiste que eras su prometida, pero, ¿Y el anillo? —Mi pecho se hundió, no podía desencajarle los dientes ahora, y menos en un momento tan importante para Sergei. —Bien, si ese es el caso… —Sus ojos se posaron en mi novio—, todo está bien…

Mis puños se apretaron, deseaba con toda mi alma quitarle esa estúpida sonrisa de la cara.

—¿Deberíamos comenzar?

Preguntó el señor Johanson rompiendo la tensión del momento.

Liliana pasó por encima de mí, ignorándome por completo, necesitaba marcar el territorio antes de que esto se me sala de las manos, y sin pensarlo me senté en las piernas de Sergei apenas él tomó la silla principal de la mesa.

Las personas que acompañaban al británico murmuraron cosas, pero no me importaba. Él es mío, y por nada del mundo estaba dispuesta a dejármelo quitar.

—¿Te vas a quedar allí?

Escupió Liliana un poco alterada.

—¿Allí donde? Oh… Este es mi lugar… Creo que no me he presentado aun bien.

—¿Una asistente necesita presentación?

Atacó ella.

—¿Asistente? ¿Eso crees que soy?

La chica acomodó su cabello, dejó reposando el bolígrafo que tenía en su mano derecha sobre la mesa, para luego penetrarme con la mirada.

—Creo que no te has dado cuenta que esta es una reunión importante para nuestros jefes…

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña