EPÍLOGO
La fuerza con la que Sergei me besa, realmente me hace perder la cabeza y todos mis estribos. El italiano me agarra con vehemencia de mis caderas para así poder colocarme sobre el borde de la cama, mis dedos se deslizan por el borde de la americana que está usando en el día de hoy y la tiro a un lado para que no haya nada más que separe nuestros cuerpos. Muerdo un poco su labio inferior logrando que el rubio que me devora a su antojo suelte un pequeño gruñido.
Han sido casi dos años juntos y aunque no puedo decir que todo este tiempo las cosas han sido color de rosa, al menos hemos tratado de sobrellevar nuestros propios problemas. Ahora mismo el magnate está conmigo en Suiza, he tomado la decisión de entrar a terapias psicológicas para mejorar con el paso de los días ya que este sentimiento en mi pecho es real. Mis abuelos se han ido de vacaciones a Rusia mientras que papá y mamá siguen amándose más que nunca. Elevo la cabeza hacia atrás y arrugo un poco las sábanas sobre la cama al sentir la lengua del amor de mi vida recorrer cada centímetro de mi intimidad. Mis manos se aferran a su cabello para guiarlo un poco con los movimientos.
Suspiro al saber que después de todo lo que sucedió Jessica tuvo su merecido, la fiscalía levantó su cuerpo irreconocible y aunque desde pequeña Akim nos enseñó a mi hermana y a mí que no debíamos burlarnos del mal ajeno, creo que cada persona en este mundo labra su propio destino. Su padre sigue en la actualidad en la cárcel y lo más probable es que muera allí como el miserable ser que es.
Maya y Chaina siguen estando conmigo y siendo honesta estoy segura que seremos las mejores amigas por siempre, Logan ha buscando su propio camino y se ha marchado fuera del país y por allí escuché por parte de la tía Elle que desea crear su propio destino lejos de nuestra familia y los estragos de los Russo (el tío Alex en la actualidad sigue en la mafia italiana) y al saber que ser un Russo—Smirnov va a ser totalmente difícil desprenderse totalmente de eso.
La primera estocada de Sergei es fuerte, tanto que las paredes de mi vagina empiezan a arderme, su boca succiona mis pezones y debo gemir con fuerza al sentir miles de corrientes eléctricas recorrer mi cuerpo. Sus ojos azules buscan los míos y sonrío como una completa estúpida enamorada—¿Sigues amándome como la primera vez?—cuestiona al entrar y salir de mi interior—¿Cómo la primera vez?—asiento pegando mi frente a la suya.
—Te amo tanto que duele cuando no estás…—sus besos recorren todo mi rostro—¿No te cansas de una mujer como yo…?—medicarte por el resto de tu existencia, tener cambios de humor bruscos, mis crisis depresivas es algo que cualquiera no puede sobrellevar—Cariño…—lo veo sonreír y ocultar su rostro sobre mi pecho.
—Adoro cuando eres así de romántica conmigo y no es que me moleste que no lo seas, solo sé cuanto te cuesta demostrar lo que en realidad sientes y cada vez que lo haces, es un logro que sé que he ganado…—besa mis labios rápidamente para volver a mirarme—Entiendo que aún estás joven y jamás…Iría en contra de tu voluntad—toca la punta de mi nariz—Y lo último que quiero en este mundo es cortarte las alas…Quiero que seas libre y vueles alto. Luego de que te den de alta te llevaré a mi viña en Italia y te demostraré como se siente el amor real…—empuja su cadera hacia mi pelvis con suavidad y aprieto los ojos—Pero…—abro los ojos—¿Quieres hacerlo como la señora Russo?

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