Capítulo 53
Sergei me mira de reojo cada cierto tiempo, ambos vamos en silencio dentro de su coche, porque siendo honesta conmigo misma, las palabras no salen de mi boca. Tengo tantas preguntas, y pocas respuestas, tantas que siento que mi cabeza me va a explotar.
—¿A dónde vamos?
Hablo por primera vez, sin ni siquiera verlo a la cara.
—A una discoteca a las afueras de la ciudad.
Muerdo mi labio inferior.
—Pensé que no te gustaban ese tipo de lugar…
—¿Qué tipo de lugares? ¿Los que están llenos de hombres que pueden mirarte? —silencio—, prefiero estar cogiéndote ahora mismo en nuestra cama.
Oculto una enorme sonrisa, Sergei es demasiado celoso y posesivo como para permitir que un hombre que no es él me mire de más. vuelvo mi vista hacia la ventanilla del vehículo, la noche está algo fría. Mucho más que de costumbre.
—¿Desde hace cuánto se conocen?
—¿Quiénes?
Coloco los ojos en blanco, está evitando el tema.
—Tú, y ella.
—¿Liliana?
—¡Sergei!
—Bien, bien, éramos buenos amigos en la universidad, es todo.
—¿Se liaron?
—¡No!
Su respuesta tan rápida y alterada hizo latir con demasiado entusiasmo mi corazón, mi cuerpo se sentía tan débil que presentía que en cualquier momento me iba a desmayar. Mi cabeza me daba vueltas, mis manos sudaban, y ni hablar de las ganas inmensas que tenía de quemar viva a esa zorra que acababa de aparecer en nuestras vidas.
—No serías capaz de mentirme, ¿Cierto?
Su mano tomó la mía, para luego dejarme plantado un beso sobre mis nudillos.
—Nos vamos a casar, ¿Lo recuerdas? Pasamos por mucho, Dara, ¿Crees que dañaría una vida junto a ti por algo pasajero? Eres la única mujer que mi cuerpo, y mi corazón reconocen… Antes de ti nada existió.
“Antes de ti nada existió”
Parpadeé un par de veces una vez el coche se detuvo, por nuestro bien, y nuestro matrimonio lo mejor sería olvidar esto, de todos modos, después este día jamás tendría que volver a ver a esa mujer. El italiano le entregó las llaves de su porche al camarero que nos recibió en este lugar de prestigió, mientras que muchos periodistas comenzaron a sacarnos fotos.
La heredera del clan Smirnov se casaría pronto con uno de los magnates más importantes de Europa. Esa debería ser la noticia principal, y no el incidente de hace dos años con Jessica.
—¡No fotos!
Los guardias de mi novio gritaron haciéndonos entrar al sitio rápidamente, apenas logramos entrar una rubia brincona corrió hacia nosotros, sus ojos brillaban cada vez que veía al amor de mi vida, y no estaba dispuesta a seguir tolerando esto.
—¡Tú!
Ataqué primero.
—Lo siento.
Ella escupió, dejándome desarmada.
—¿Qué dices?
—Lamento haber sido grosera contigo antes… Sergei fue mi mejor amigo en la universidad.
Mis manos tocaron mi pecho, así que era eso; mis hombros se relajaron inmediatamente, era como si el viento se hubiese llevado cada uno de mis problemas.
—¿Eran mejores amigos?
Pregunté, viendo como Sergei se alejaba de nosotras, respiré pausadamente porque pensándolo bien: Si ellos hubiesen tenido alguno rollo, ¿Me dejaría sola con ella? ¡No!
—Sí, yo era novia del mejor amigo de Sergei…
—¿Mejor amigo?
Fruncí el ceño porque no sabía nada sobre esto.
—¡Sí! ¡Frank! ¿Nunca te contó sobre él?
Negué.
Me siento como una completa tonta.
—Era de esperarse, Sergei era así en la universidad…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña