Capítulo 54
Sergei Russo
Bebo tranquilamente del trago que uno de los meseros me ha entregado en la sala VIP en donde los ejecutivos de la multinacional Johanson han decidido traernos a mi mujer y a mí. Observo todo a mi alrededor, sin perder de vista a mi prometida, la cual baila sonriente junto a Liliana.
—Es linda, ¿No?
Gruño al escuchar las palabras del inglés.
—¿Perdona?
—Liliana… —Elevo las cejas, porque siendo honesto, no me esperaba que hablara de ella. —Es muy hermosa, y sensual… —Solté un bufido, volviendo a tomar la copa de whisky de donde la había dejado. —Escuché que estuvieron liados…
El líquido amargo se atoró en las paredes de mi garganta.
—¿De qué habla?
Lo vi sonreír, y toda mi espina dorsal se erizó rápidamente, miré por encima de mi hombro derecho a uno de mis hombres para que fuera a vigilar a mi mujer, y que por nada del mundo se acercara a nosotros ahora mismo.
—Liliana y tú fueron amantes en la universidad, ¿No?
Mis dientes mordieron mi labio inferior, una capa de sudor se apoderó de mi rostro, y no tardé mucho tiempo en secarme con una servilleta de tela que reposaba dentro de uno de los bolsillos de mi americana.
—Creo que me estás confundiendo con alguien más…
Dije, tratando de darle vuelta a la página.
—Vi las fotos.
—¿Cuáles fotos?
Aniquilé completamente alterado.
—Para no haber tenido nada con ella estás muy… ¿Nervioso?
Ambos nos quedamos viendo por un momento, mi mujer seguía bailando con Liliana, las dos solas, mientras se acercaban de vez en cuando para intercambiar palabras. Johanson se cruzó de piernas, entretanto tomaba una posición dominante, la cual le arrebaté apenas desbotoné mi americana, y erguí mi espalda tomando el control de la situación.
—¿De dónde sacaste esa información?
El inglés me observó, quizás para analizar la situación.
—El anuario de tu universidad… Liliana lo tiene en su casa.
Mis cejas se elevaron.
—Así que conoces su casa…
—Y otras cosas…
Un silencio prolongado se instaló entre nosotros.
—¿Cuál es el fin de todo esto? ¿Quieres saber si me la cogí? Porque pienso que ya sabes la respuesta.
Mi ceño se frunció, para luego tomar una posición más relajada.
—¿Ella lo sabe?
Sus ojos se clavaron en mi mujer.
—No tendría porque saberlo, ¿No crees? Liliana y yo fuimos novios en mi juventud, nada tiene que ver con mi presente.
—¿Eso crees?
—¿Sabes algo que yo no?
Su sonrisa a un costado me dio muy mala espina. Comprendía que me estaba ocultando algo importante, pero siendo honesto, en estos momentos lo único que me importaba eran los tipejos que se estaban acercando de más a mi futura esposa. Como pude me puse en pie, le hice una seña a uno de mis guardas para que le quitara a esos hijos de puta de Dara, pero lo que hizo ella me dejó casi atónito.
Los empujó porque quería bailar con ellos.
Algo no está bien, y viendo como Liliana me observa desde la larga distancia en la que estamos, entiendo que algo le ha dicho. La pelirroja levanta una copa de vino hacia mí, y luego lo bebe. Rápidamente salgo de mi asiento, y corro hacia mi pequeña.
Las personas se abren paso quizás notando mi poder; mi corazón late con demasiada insistencia, siento como en cualquier momento me fuese a desmayar, pero lo que mis ojos presencian en el acto me dejan con la sangre helada.
“La estaban tocando”
Esos hijos de puta estaban tocando a mi mujer, mi mano derecha impactó contra el rostro de uno de esos malnacidos, estaba cegado de ira, de unos celos incontrolables que ahora mismo lo único en lo que pensaba era en meterla dentro de una jodida caja para que nunca nadie pudiera verla como yo.

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