El anciano bajó la vista hacia el niño.
—Deja al niño aquí, que su abuela lo cuide esta noche. No lo anden trayendo de un lado para otro a estas horas. Ustedes dos, váyanse.
Esteban se quedó sin palabras.
—Y una cosa más... —añadió el abuelo, levantándose y fijando su mirada en Esteban—. Me enteré de que Fiona no ha vuelto a la Villa San Telmo. Ve a buscarla y tráela a casa. Si no vuelve, te echo a ti.
Dicho esto, el anciano tomó la mano del niño y subió las escaleras. Pedro miró a su padre por encima del hombro, pero no se atrevió a decir nada más.
...
Al llegar a casa, Fiona se dio una ducha y se acostó. La fiebre había empezado a bajar y ya no se sentía tan mareada. Se dio la vuelta y, al ver su bolso en la mesita de noche, metió la mano y sacó una tarjeta de un material exquisito. Se recostó de nuevo y la observó a contraluz.
Samuel. Presidente del Grupo Vizcaya Continental.
Al leer esas palabras, sus pestañas temblaron. En toda la familia Flores, él era, sin duda, el más poderoso.
Sacó su celular, abrió la agenda y guardó su número. Quizás no lo necesitara ahora, pero en el futuro...
Apenas guardó el número, un número desconocido apareció en la pantalla. Lo reconoció al instante. Era de Esteban.
Acababa de cambiar de tarjeta SIM, pero para él, averiguar su nuevo número no era difícil. Dudó un momento, pero finalmente contestó.
—No me importa dónde estés —la voz grave de Esteban llegó desde el otro lado de la línea—, mañana mismo vuelves a la Villa San Telmo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera