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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 37

El abuelo Flores la miraba con una amabilidad que ocultaba un deseo apremiante de reconciliarlos. Fiona miró al hombre a su lado y, justo cuando iba a negarse, Esteban se le adelantó.

—Abuelo, tengo trabajo que hacer esta noche, no puedo quedarme.

—¿Qué trabajo es más importante que tu esposa? ¡Esta noche no vas a ninguna parte! Te quedas a cuidar de Fiona. Está muy borracha, necesita que alguien la cuide.

Fiona levantó la vista hacia el abuelo y, sin querer, su mirada se posó en el hombre que estaba a su lado. Samuel, recostado en el sofá, con un codo apoyado en el respaldo y la punta de los dedos rozando sus labios, observaba la escena con una expresión impasible.

Fiona apartó la vista.

—Abuelo, no necesito que nadie me cuide. Puedo dormir en una de las habitaciones de invitados. —Se levantó, tambaleándose, y se dirigió a las escaleras.

—¡Esteban, acompáñala! —ordenó el abuelo, su mirada fija en él.

Esteban dudó un instante, pero finalmente, incapaz de desobedecer al anciano, se levantó y la siguió.

Una mirada penetrante los siguió desde el sofá.

—Samu, ¿has traído al chófer? —El hombre se giró hacia su padre.

—¿Así que retienes a tu nieto y a su esposa, pero a mí me echas? —dijo Samuel con una sonrisa irónica.

—No es eso, y lo sabes —se acercó el abuelo, bajando la voz—. Tu habitación está al lado de la de Esteban. Llevan mucho tiempo sin verse, es inevitable que... —Dejó la frase en el aire.

Samuel, siempre tan perspicaz, comprendió al instante.

—Esa llama que intentas encender —dijo con una sonrisa indescifrable—, dudo mucho que prenda.

El abuelo no entendió a qué se refería. Cuando levantó la vista, Samuel ya subía las escaleras.

Capítulo 37 1

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