Al terminar de hablar, la expresión de Bianca era de claro descontento. Samuel, tras escucharla, dirigió su mirada a Fiona, que estaba a su lado.
—¿Le has hecho acupuntura al abuelo? —Su voz era fría, pero con un matiz de curiosidad.
—En su estado actual —respondió Fiona, levantando la vista y mirándolo directamente—, la acupuntura es el tratamiento más adecuado.
—Pero el abuelo aún no está estable. Este es el mejor hospital de Santa Matilde, y ni siquiera los expertos en medicina tradicional de aquí se atreven a tratarlo, ¿y vienes tú a hacerlo? —Esteban se acercó, su voz cargada de ira—. Si le pasa algo, ¿podrás asumirlo?
Al oírlo, Samuel frunció el ceño.
—Señorita Santana, ¿es verdad lo que dicen?
A pesar de la pregunta directa, Fiona no mostró ningún nerviosismo.
—Sí, es verdad —respondió, con una seriedad que no admitía dudas.
—¿Qué tan segura estás? —La voz de Samuel era grave, su mirada fija en ella.
—Cien por ciento —respondió ella, de forma concisa.
Su respuesta dejó a Samuel sin palabras. Anoche, el médico le había explicado la situación. Ni siquiera el jefe de medicina tradicional del hospital se atrevía a tratar a su padre. Abraham le había dicho que la única esperanza era encontrar a esa misteriosa doctora, "Nana". Y él apenas conocía a Fiona; no sabía que practicaba la medicina.


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