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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 54

Fue entonces cuando Fiona comprendió que el dueño de la clínica era el padre de Mirella.

—Me enteré de que apenas saliste de la cárcel, te pusiste a exigirle el divorcio a Esteban. Y ahora, como no tienes dónde caerte muerta, ¿piensas abrir una clínica con tus conocimientos de curandera barata para mantenerte? —Mirella curvó los labios en una sonrisa burlona—. Con esa medicina de cuarta que practicas, ¿no te da miedo matar a alguien?

Su voz era suave, pero sus palabras eran dardos afilados que se clavaban directo en el corazón.

En otro tiempo, se habría sentido furiosa, pero en ese momento, no sintió absolutamente nada.

—Mi calidad como doctora no es algo que te incumba juzgar. La verdad es que este lugar tampoco me entusiasmaba tanto, y ya que pertenece a la señorita Vera, mejor lo dejamos así. —Fiona se dio la vuelta, dispuesta a marcharse—. Búscate otro inquilino.

Aunque no encontrara otro lugar, jamás le alquilaría nada a una persona cercana a Bianca. No por miedo a que le causara problemas, sino para evitarse disgustos innecesarios. Y, sobre todo, por el mal sabor de boca que le dejaba.

—Ya has pagado un depósito. No puedes echarte atrás así como si nada.

Mirella se interpuso en su camino a toda velocidad, con una frialdad temible en la mirada, impidiéndole el paso.

En ese instante, una voz infantil llegó desde la entrada.

—Mamá, ¿no crees que eso es faltar a tu palabra?

Fiona levantó la vista y vio a Bianca entrando con Pedro Flores de la mano.

Al parecer, Mirella ya sabía que era ella quien iba a firmar el contrato y había invitado a Bianca para que disfrutara del espectáculo. ¿Y encima traía a su hijo para humillarla juntos?

—Así es, señorita Santana. Hay que dar un buen ejemplo a los niños. Si Pedro aprende estas mañas, las cosas se podrían complicar, ¿no cree? —Bianca se quitó las gafas de sol, y una sonrisa ambigua se dibujó en sus labios.

—Si hubiera sabido que este lugar era de su familia, ni siquiera me habría molestado en venir.

La voz de Fiona era grave, su rostro, una máscara de indiferencia.

Ese era el hijo que había llevado en su vientre durante diez meses.

Resultaba que, en el incidente del banquete familiar, él siempre había estado del lado de Bianca, convencido de que había sido ella la culpable.

La mente de un niño, al final, es simple. Sin duda, alguien le había estado metiendo ideas en la cabeza para que estuviera tan seguro de que todo era obra suya.

Igual que cuando testificaron en su contra en el juicio. La actitud inquebrantable de padre e hijo era algo que jamás podría olvidar.

Pero en una cosa tenía razón: el tiempo había pasado… Su corazón, por fin, había muerto para renacer de sus cenizas.

—Quédate con el depósito. Alquílale el local a quien te dé la gana.

Fiona le lanzó una última mirada a Mirella y se dispuso a salir.

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