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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1081

—Papá, de verdad no es que yo, como su cuñada, sea mezquina, pero la señora Nuria debería enseñarle modales a Iván. En nuestra propia casa nadie se lo tomará a mal, pero si se comporta así de maleducado allá afuera, la que quedará en vergüenza será la familia Méndez.

—La gente dirá que la mamá de Iván es una amante que se coló en la familia, una cualquiera sin linaje ni contactos que solo busca el dinero de su padre. Dirán que no tiene la capacidad de educar a su hijo y que un niño criado por una amante, probablemente termine teniendo el mismo destino de destruir otras familias.

—Y eso sería arruinar la vida entera de Iván.

El rostro de Lorenzo se ensombreció.

Esta vez, Nuria también se quedó sin palabras ante lo que dijo Jimena. Por un momento, no encontró la forma de refutarla.

—Jimena —la llamó Iván rápidamente.

Jimena le lanzó una mirada de reojo.

Ese cuñado suyo parecía inofensivo, pero en realidad compartía la astucia y crueldad características de los Méndez; era incluso peor que el Rodrigo de antes.

—¿Apenas te das cuenta de que estoy aquí parada?

—Iván, si no tienes buena vista, dile a tu mamá que te lleve al oftalmólogo para que te ponga lentes. No dejes que un problema de visión afecte tus estudios.

—Tu mamá siempre le dice a papá que eres un chico muy inteligente, pero sacar buenas notas no significa ser una buena persona. En esta vida, lo más importante es tener valores.

Iván guardó silencio un momento antes de responderle con una pregunta:

—¿Y tus valores son buenos, Jimena?

El rostro de Jimena se desfiguró por el coraje.

—Solo si tú tienes buenos valores tienes el derecho de criticarme. Pero si ni siquiera los tienes, creo que primero deberías predicar con el ejemplo antes de venir a darme lecciones.

—No es que me falten modales o que no te haya visto, es que llegaste de repente y no me diste tiempo de saludarte adecuadamente.

Iván tomó los cubiertos de servir de las manos de su madre y empezó a poner porciones de comida en el plato de Jimena sin detenerse. Aunque ella no quería, él continuó sirviéndole sin parar.

Jimena tuvo ganas de aventar el plato, pero miró de reojo a su suegro y, al final, no tuvo el valor de hacer una escena en la mesa.

Su plato se llenó rápidamente.

Iván soltó los cubiertos de servir y le dijo a Jimena:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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