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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1123

—Antes nadie sabía que mi papá tenía un hijo ilegítimo, todos pensaban que yo era el único heredero de la familia Méndez y que todo sería mío, por eso me trataban tan bien. Ahora que saben que mi padre tiene otra opción y que yo, el hijo de su primera esposa, me quedé sin madre y sin respaldo, ¿por qué habrían de ponerse de mi lado?

La gente era muy pragmática.

Especialmente esos parientes adinerados, que siempre se alineaban con quien tuviera el poder y pudiera ofrecerles mayores beneficios.

—Jimena, si de verdad te entregas a mí, jamás te daré la espalda y te trataré con devoción. Pero si sigues pensando en Elías y vuelves a enredarte con otros hombres, nuestra relación se limitará a ser un mero trato comercial.

—Tú me ayudas a quedarme con el Grupo Méndez y yo te recompensaré. Será un simple intercambio, sin sentimientos de por medio. Una vez que lo consigamos, nos divorciamos. Y tranquila, te daré una compensación económica más que justa. No saldrás perdiendo.

—Te casaste conmigo, pero sigues sin poder olvidar a Elías. La verdad es que me dan celos, y siempre me ha afectado. No soporto verte tratarlo tan bien, y me molesta cuando él es amable contigo.

Rodrigo sabía perfectamente que Jimena no había superado a Elías.

Era demasiado ambiciosa. Lo tenía a él, pero no le bastaba; todavía anhelaba a Elías, soñando con quedarse con ambos mundos.

Pero la vida no funcionaba así.

—Rodrigo, te juro que entre Elías y yo... no hay nada. Él me amaba antes, pero ahora ya está dejando atrás esos sentimientos. Yo... yo solo quiero que volvamos a ser como antes. ¿Acaso no estábamos bien los tres juntos?

—Mientras él estuviera de nuestro lado, tu papá no se atrevería a hacerte nada. En el fondo, Elías podría ser nuestro mayor respaldo. Rodrigo, no podemos darnos por vencidos con él. Tenemos que recuperar su apoyo.

Jimena no podía resignarse.

Había crecido junto a Elías durante casi treinta años, compartiendo toda una vida como amigos de la infancia. ¿Cómo iba a permitir que Isabela se lo llevara tan fácilmente, sobre todo cuando Isabela ni siquiera parecía interesada en él?

La sola idea de que Elías solo tuviera ojos para Isabela la consumía en unos celos enfermos, al punto de desear descuartizarla.

Había jurado que, mientras tuviera un aliento de vida, jamás dejaría en paz a Isabela. ¡Pelearía con ella hasta las últimas consecuencias!

Ella mejor que nadie sabía lo maravilloso que era Elías cuando cuidaba de alguien.

Ese nivel de devoción era adictivo.

Y Jimena estaba adicta a él, como si hubiera consumido veneno, incapaz de desintoxicarse aunque quisiera.

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