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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 133

—Ve ahora mismo a la entrada del centro comercial de La Colina Dorada y espera a Jimena. Dijo que va a ir de compras por allí.

Esa calle peatonal era la más concurrida y lujosa de la ciudad.

Allí se encontraban las tiendas de todas las grandes marcas.

Era el lugar donde los ricos iban de compras y los que no lo eran, disfrutaban paseando y mirando, aunque no pudieran comprar nada.

Isabela sabía que Jimena haría que Elías la llamara.

—No voy a ir. ¿Quién dice que estoy aburrida en casa? Estoy en mi estudio, muy ocupada.

—Isabela, ¿todavía quieres que los actores te ayuden a grabar tu serie?

Isabela se quedó sin palabras.

—No me gusta ir de compras. La calle peatonal de La Colina Dorada está llena de tiendas de lujo, y yo no puedo permitirme nada de eso. Si la acompaño y la veo comprar, me temo que me dará envidia.

—Me pediste mucho dinero, ¿qué no puedes comprar ahora? —replicó Elías, irritado.

—Todo mi dinero lo invertí en la serie y en la tienda. No tengo para ir de compras.

—Si quieres dinero, solo pídelo. No tienes que andar con rodeos.

Elías sintió ganas de atravesar el teléfono para estrangularla.

No entendía en qué momento se había vuelto tan materialista.

Antes, el dinero no le importaba en lo más mínimo.

—Si te lo pido directamente, dirás que solo pienso en el dinero.

—Primero ve a acompañar a Jimena. Luego, envíame tu ubicación y haré que mi secretaria te lleve una tarjeta. Puedes usarla para pagar.

Elías ya no le transferiría dinero. En su lugar, le enviaría una tarjeta de crédito con un límite alto para que la usara a su antojo.

No creía que fuera capaz de gastarse todo el límite, ¿o sí?

»Durante los primeros meses de embarazo hay que tener mucho cuidado, descansar y no agotarse, especialmente evitando hacer esfuerzos o estresarte. Los primeros meses son delicados.

Elías se quedó en silencio por un largo rato, pensándolo bien. Finalmente, dijo:

—Olvídalo, entonces. Sigue con tus cosas. Le diré a Jimena que no tienes tiempo y que invite a otra persona.

Tendría que convencer a Jimena de no caminar tanto.

Si de verdad estaba embarazada, necesitaba descansar.

—Aun así podrías pedirle a tu secretaria que me traiga la tarjeta. No me molestaría para nada aceptarla y usarla.

Elías le colgó directamente.

Isabela se quedó mirando el teléfono.

«Tacaño… ni siquiera es capaz de darme una tarjeta para usarla un rato», pensó.

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