Elías, que estaba entre la multitud, vio la escena e inmediatamente dejó a todos para caminar a grandes zancadas hacia ellos.
—Álvaro.
Elías saludó a Álvaro con total naturalidad.
Antes de que Álvaro pudiera reaccionar, le quitó el plato de fruta de las manos.
Se colocó con toda naturalidad al lado de su esposa y, con la mano libre, rodeó la cintura de Isabela.
Le estaba diciendo a Álvaro, sin palabras, ¡que Isabela era su mujer!
—Cariño, si no podías con tanto, pudiste haberme llamado. Yo te habría ayudado a llevarlo, no tenías por qué molestar a Álvaro.
Elías no solo estaba marcando su territorio en silencio, sino que también le dio un pequeño regaño a Isabela.
Álvaro sonrió. —Elías, esta es la fruta que quería mi hermana. Le pidió a Isabela que se la trajera y yo me ofrecí a llevársela.
No es que estuviera siendo considerado con Isabela a propósito.
Estaba siendo considerado con su hermana.
Qué celoso era Elías.
¿No se suponía que estaba perdidamente enamorado de Jimena?
Pensó Álvaro para sus adentros, criticando a su amigo.
Los ojos oscuros de Elías parpadearon, y de inmediato le devolvió el plato de fruta a Álvaro. —Ah, con que era eso. Pensé que mi esposa no podía con tanto y te había pedido ayuda.
—Cariño, ¿a dónde te habías ido? No te vi por ningún lado.
La mano de Elías que rodeaba la cintura de Isabela pasó a tomar su mano.
Isabela retiró su mano sutilmente, manteniendo una sonrisa en el rostro. —Elías, tú atiende tus asuntos. La señorita Morales y yo estábamos platicando muy a gusto, así que nos sentamos por allá para charlar tranquilamente.
—¿De qué platicaban? Rodrigo y Jimena ya llegaron. Vamos, te llevaré a saludarlos y te presentaré a algunos directores de productoras de cine.
Álvaro preguntó de metiche: —¿Isabela quiere entrar en el mundo del espectáculo?
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda