—Normalmente no tenía contacto con ese mundo, pero insistió en invertir en ese proyecto. Es un poco extraño.
Después de lo que dijo su esposa, Rodrigo también comenzó a dudar de la autenticidad de Isabela.
—Manda a alguien a que investigue a fondo a Isabela.
—Si de verdad es una conspiración y es una impostora, hay que reunir pruebas, desenmascararla y meterla a la cárcel —dijo Jimena.
»Si esto es un plan, lleva preparándose al menos unos años. Después de tanto tiempo, me temo que a la verdadera Isabela le ha pasado algo malo.
Aunque ella no lo dijera, Rodrigo lo iba a investigar de todos modos.
No permitiría que una falsa hermanastra conspirara contra su familia, los Méndez, ni contra los Silva.
—También hay que informarle a Elías. Ahora son marido y mujer, si él lo sabe, le será mucho más fácil que a nosotros reunir pruebas.
Rodrigo asintió.
—Lo que más odia Elías es que la gente conspire contra él. Si se entera de que Isabela lo está engañando, planeando quedarse con su dinero...
Jimena sonrió con frialdad.
—Isabela no tendrá ni dónde caerse muerta.
Rodrigo dijo con voz grave:
—Le llamaré a Elías en un rato para contarle esto.
—Sí, llámale en una hora. Para entonces, seguro que ya habrán llegado a casa y habrán terminado de pelear. Si le cuentas esto mientras está enojado, su rencor hacia Isabela será aún mayor.
Rodrigo rodeó los hombros de su esposa con el brazo y la acercó a él.
—Jimena, pensamos igual. Realmente somos el uno para el otro.
Jimena sonrió levemente.
A Rodrigo no le importaba si Elías podía olvidarla de verdad o no. Lo importante era que Jimena era su esposa y que ambos eran felices. Le daba igual si Elías lo era o no.
Ahora, Elías también estaba casado. Al ver cómo trataba a Isabela, Rodrigo empezaba a creer que Elías estaba superando sus sentimientos por Jimena.
Pero aún no la había olvidado del todo, porque todavía se inclinaba a su favor.
El día que Elías dejara de proteger a Jimena, significaría que realmente la había superado.
Rodrigo tenía sentimientos encontrados. Por un lado, no quería que Elías siguiera enamorado de su esposa, pero por otro, no quería que la olvidara por completo.
En los negocios entre ambas familias, muchas veces, Elías actuaba por consideración a Jimena.
Como amaba a Jimena y quería que tuviera una buena vida de casada, mantenía una colaboración constante con el Grupo Méndez, permitiéndoles ganar dinero para que Jimena, como nuera de la familia, pudiera vivir cómodamente.
Si Elías se enamoraba de verdad de Isabela, la cooperación entre el Grupo Silva y el Grupo Méndez disminuiría, porque Isabela no ayudaría a los Méndez.
Ver a Elías e Isabela llevarse bien y presumir su amor también le resultaba irritante a Rodrigo, y sentía un fuerte deseo de destruir su relación.

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