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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 186

—Qué bueno que no hay nada sospechoso. Estaba preocupado de que fuera una impostora. Aunque no me cae bien Isabela, vivió en mi casa durante veinte años, así que le tengo algo de cariño. Si le hubiera pasado algo, nos habríamos sentido muy mal.

—Hacer la prueba de ADN fue una buena idea, así dejamos de dudar —dijo Rodrigo.

—Sí, es que Isa parece otra persona. Aunque no sea una impostora, tal vez le pasó algo que no sabemos.

Elías guardó silencio por un momento antes de decir:

—También mandé a investigarla y no hay nada sospechoso. Rodrigo, esto no es una conspiración. El hecho de que Isabela haya cambiado tanto… fue mi culpa.

Rodrigo se quedó perplejo. Quiso preguntar qué había pasado, pero después de pensarlo, decidió no hacerlo, pues notó la impaciencia en la voz de Elías.

—Elías, ya que te casaste con Isa, trátala bien. No la eches de casa a cada rato.

Rodrigo fingió darle un par de consejos.

Elías no quiso escucharlo.

—Rodrigo, voy de camino a casa. Te enviaré los resultados en un momento —dijo con frialdad.

—De acuerdo.

Rodrigo, entendiendo la indirecta, colgó el teléfono.

Menos de dos minutos después, Elías le envió una foto del informe de la prueba de ADN.

Después de revisarlo, Rodrigo se lo reenvió a Jimena.

Cuando Jimena lo vio, rechinó los dientes de coraje.

Todo era su culpa por haber tomado la muestra equivocada.

¿Quién iba a pensar que el viento se llevaría el pañuelo con su cabello, dejando solo uno sobre la mesa? Salió deprisa y, sin fijarse, tomó el que estaba allí y se lo llevó a Elías, sin saber que era el incorrecto.

—Señora, Jimena y yo saldremos a caminar un rato —dijo Rodrigo, bajando las escaleras, a la señora Méndez, que estaba sentada en la sala.

Isa no había vuelto en varios días, y la señora Méndez la extrañaba. Durante el día, había pensado en ir a buscarla, pero después de mucho considerarlo, desistió.

Valeria la había presionado, pero la señora Méndez no quería disuadir a su hija de emprender su propio negocio.

Isa no era realmente una persona débil, simplemente era muy tolerante.

No había de otra. Después de que se volvió a casar, su hija vivió tantos años en la familia Méndez, donde nunca la trataron como a una más de la familia.

Y ella, como madre, siempre le decía que aguantara, que fuera paciente…

Crecer sin un padre también es muy duro.

La señora Méndez apoyaba de corazón que Isa quisiera emprender un negocio y esperaba que tuviera éxito, para que nadie se burlara de ella.

Si esta vez su hija no lograba nada, su yerno probablemente no la apoyaría más, y la obligaría a ser como las otras mujeres casadas con millonarios: confinadas en casa, dedicadas a ser la esposa trofeo y a criar hijos, sin mucha libertad.

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