Jimena estaba al tanto de la situación y, por eso mismo, sentía que Elías se inclinaba por Isabela. Por eso planeaba usar el bebé en su vientre para hacerle daño a Isabela y destruir la relación entre ella y Elías.
Pero nunca imaginó que Isabela se negaría a volver, arruinando su plan.
—Sigo pensando que el problema está en Isabela. Desde que se casó con Elías, es como si se hubiera convertido en otra persona. La última vez que intentamos manipular la prueba de ADN, por un descuido mío, me equivoqué de cabello.
—Por azares del destino, terminé llevando el cabello de Vanessa, y ya te imaginarás el resultado de la prueba.
Jimena sentía que ni el cielo estaba de su lado.
Una tras otra, todas las intrigas que se le ocurrían habían fracasado.
—La prueba de paternidad ya se hizo, no hay nada que decir. Ahora solo podemos esperar que la familia Romero haga su parte —dijo Rodrigo, suspirando.
—Sin embargo, aunque lo del bebé no sirva contra Isabela, sí puede funcionar contra su madre. Esa mujer vive con nosotros, podemos culparla en cualquier momento.
A Rodrigo se le ocurrió culpar a su madrastra.
—Mi papá le da muchísima importancia a este embarazo. Este es el futuro heredero de la familia Méndez. Si su esposa le hace daño, seguro se pondrá furioso.
—Aunque no se divorcie de ella, su relación se fracturará, y mi papá la sacará del testamento.
Jimena suspiró.
—Supongo que es la única opción.
Una vez que la pareja acordó culpar a la señora Méndez por el aborto, bajaron las escaleras.
Sin embargo, al bajar, no la encontraron por ningún lado. Le preguntaron al mayordomo, y este les dijo que la señora había salido para llevarle algo al señor a la oficina.
Rodrigo recordó que su madrastra lo había escuchado interrogar a su esposa, y asumió que había huido para esconderse.
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