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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 800

—Elías, lo que sientas o dejes de sentir por Jimena es asunto tuyo, no tiene nada que ver conmigo.

—Ya no me importa.

—Isabela.

Elías la miró fijo; la mirada se le endureció. Preguntó:

—¿Es por Álvaro? ¿Te has enamorado de Álvaro?

—Últimamente siempre se les ve juntos. No me digas que solo lo ves como un amigo. Parecen una pareja, es imposible que sean simples amigos. Álvaro te ama; la forma en que te mira es ardiente, como fuego.

Igual que él miraba a Isabela. Como hombre, sabía lo que Álvaro estaba pensando.

Álvaro también se le había declarado a Isabela.

El mismo día de su divorcio, Álvaro no pudo esperar y le confesó sus sentimientos.

Antes de que se divorciaran, Álvaro siempre le aconsejaba que tratara mejor a Isabela, que la valorara, actuando como si quisiera lo mejor para ambos.

Pero en cuanto firmaron el divorcio, Álvaro no esperó ni tantito y se le declaró. A Elías casi le daba algo del coraje.

—Eso es asunto mío y de Álvaro, y tampoco te incumbe. No tengo por qué darte explicaciones.

—¡Elías, por favor, vete!

—Isabela…

Elías no se resignaba e intentó tomarla del brazo de nuevo, cuando la voz de la señora Fátima resonó desde la entrada de la villa.

—¡Eli!

El tono de la anciana era severo al extremo, y su expresión, sumamente seria.

Elías e Isabela miraron hacia la entrada.

La señora Fátima caminaba hacia ellos.

—Abuela —murmuró Elías, sorprendido.

¿Cuándo había llegado la abuela?

No tenía idea.

Nadie le había avisado.

¿O acababa de llegar?

Isabela seguía siendo muy cortés y respetuosa con la señora Fátima.

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