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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 314

¿Acaso no sabe por qué mi mamá no me llevó a visitar la tumba de mi padre en todos estos años? —replicó Isabela con sarcasmo—. ¿Cómo nos trató su familia en aquel entonces?

»Mejor dígame cuál es el propósito de su visita y no me venga con cuentos sobre lazos familiares. Es pura hipocresía.

Joel sonrió, avergonzado.

—Es solo que tus abuelos ya están viejos y te extrañan. Me pidieron que viniera a buscarte.

—Señor Romero, estoy muy ocupada, ¡no tengo tiempo para sus tonterías! —dijo Isabela, con el rostro endurecido.

—Está bien, está bien, te diré la verdad. Isa, tus abuelos ya son mayores. No tienen enfermedades graves, pero sí muchos achaques, y cada mes tienen que ir al médico, comprar medicinas… todo eso cuesta mucho dinero.

»Como tu padre ya no está, es tu deber mantener a tus abuelos en su lugar. Ahora que tienes una buena vida y dinero de sobra, dale algo a tu tío para llevarles a tus abuelos para sus gastos médicos.

Isabela sabía que la familia Romero solo la había buscado por dinero.

Su expresión no cambió en lo más mínimo.

—¿Cuánto quiere?

Los ojos de Joel brillaron. Se frotó las manos y dijo:

—Tu mamá se casó con un millonario, y tú también. Ahora eres la señora Silva, esposa del hombre más rico del país. No te pido mucho, para empezar, solo dos millones.

»Tus abuelos gastan más de cien mil al año. Pedirte dos millones por los últimos veinte años es poco. Y después, deberías darles seiscientos mil pesos mensuales para sus gastos.

»Un anciano necesita atención médica, medicinas y además, sus gastos diarios. Al día, se necesitan como diez mil pesos. Para dos personas, son veinte mil, lo que suma seiscientos mil al mes.

»Isa, no vayas a decir que es mucho. Las cosas están muy caras ahora. Los medicamentos que toman no los cubre el seguro, hay que pagarlos de nuestro bolsillo, y son importados, carísimos.

»Si no están bien de salud, necesitan buenos suplementos. Las vitaminas diarias también cuestan, y hay que pagarle a alguien para que los cuide. Contando el sueldo de los cuidadores, se necesitan diez mil pesos al día.

—¡Isabela, Isabela! —gritó Joel, corriendo tras el carro—. ¡Diez mil al día también está bien! ¡Isabela, si no nos das el dinero, te arrepentirás!

No pudo alcanzar el carro y pronto se detuvo.

Mirando con odio el vehículo que se alejaba, murmuró con rencor:

—Isabela, no quisiste por las buenas, así que será por las malas. ¡Cuando llegue el momento, no nos culpes por ser crueles!

No había pasado tanto tiempo investigando para nada.

Sabía que, aunque Isabela estaba casada con Elías Silva, no era del agrado de los mayores de la familia Silva. Ellos sentían que su origen humilde no estaba a la altura del señor Silva.

Si Isabela no les daba dinero, iría a la mansión de la familia Silva a exigirlo, manchando su reputación. A ver si entonces no se preocupaba.

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