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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 397

La ternura de Elías, sus mimos, su amor… ¡solo podían ser para ella!

¡Nadie le quitaría ni una pizca de eso!

***

Isabela no regresó a la gran mansión donde vivía con Elías, sino que le pidió al chofer que la llevara a la pequeña villa que estaba a su nombre.

—Señora Silva, si no va a casa, el señor Silva se va a enojar —advirtió el chofer, quien seguía las instrucciones de Isabela pero no pudo evitar el comentario.

—Que se muera del coraje, mejor.

Isabela bajó del auto, abrió la puerta de la cerca con sus llaves, entró y volvió a cerrar con llave. Le dijo al chofer que se fuera.

Sin importarle la reacción del hombre, dio media vuelta y caminó hacia la casa.

Pronto desapareció de su vista; las luces se encendieron y la puerta principal se cerró.

El chofer suspiró y no tuvo más remedio que irse.

A medio camino recibió una llamada de Elías:

—¿Isabela ya llegó a casa?

—La señora Silva llegó a casa, pero no a la suya, señor. Fue a la pequeña villa que está a su nombre.

Elías, con voz sombría, respondió:

—Isabela y yo somos esposos. Mi casa es su casa y su casa es la mía. No hay distinción entre nosotros.

—Sí, disculpe, me expresé mal.

El chofer se apresuró a disculparse.

Elías solo quería saber si Isabela había ido a casa. Al saber que no había regresado a la mansión conyugal, le ordenó al chofer que lo llevara a donde estaba ella.

Sin embargo, al llegar a la ciudad, cambió de opinión. Hizo que el chofer lo llevara a la joyería más grande, donde compró varios juegos de joyas para Isabela, además de cosméticos, cremas, bolsos de marca.

Cargado con bolsas, pidió que lo llevaran a la pequeña villa de Isabela.

—Dame uno.

Elías se sentía inseguro; temía que Isabela no le hiciera caso.

Después de saber la verdad, toda su familia lo había regañado.

Realmente se había equivocado, ¡realmente había sido un patán!

Incluso su hermana, que no soportaba a Isabela, dijo que debería divorciarse.

El chofer le pasó un cigarro y se giró para encendérselo.

Elías fumó en silencio, perdido en sus pensamientos. Al terminar, respiró hondo varias veces y abrió la puerta del coche.

El chofer bajó rápidamente para ayudarle con los regalos.

—Señor Silva, ¿necesita que espere aquí afuera?

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