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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 405

—Si tiene tiempo para llamar al señor Silva, mejor hubiera llamado al médico de la familia. El señor Silva no es doctor, ¿qué va a hacer allá? Y si quiere llevarla al hospital, tal vez ella ni quiera ir.

—Anoche, usted tuvo problemas con la señora Silva. Lo que debería hacer es buscar su perdón, pero se va corriendo con una sola llamada de la señora Jimena. ¿Qué va a pensar su esposa?

Elías guardó silencio por un largo rato antes de decir con voz grave:

—Da la vuelta. Regresemos a la tienda.

El chofer se quedó atónito un momento, pero enseguida respondió con alegría:

—¡Entendido!

Por fin el patrón entraba en razón.

Después de ordenar el regreso, Elías sacó su celular y llamó al hermano de Jimena, Ignacio Castillo, para avisarle que ella estaba enferma y que Rodrigo Méndez estaba de viaje, sugiriendo que alguien de la familia Castillo fuera a verla.

—¿Jimena está enferma? Está bien, llamaré a mi mamá para que vaya a cuidarla.

Ignacio Castillo no lo pensó mucho al escuchar sobre la enfermedad de su hermana. Colgó y llamó a la señora Castillo para que fuera a la casa de los Méndez.

Tras notificar a la familia, Elías sintió un gran alivio.

Ante el regreso de Elías, Mónica hizo una mueca de desagrado e Isabela no dijo ni pío.

Ambas siguieron ocupadas en sus asuntos, ignorando por completo a Elías.

Elías, que nunca había sido ignorado de esa manera, pensó varias veces en marcharse indignado. Pero cada vez que llegaba a la puerta, su orgullo cedía y regresaba, pegándose a Isabela como un chicle.

A donde iba Isabela, él la seguía.

Si Isabela hacía algo, él intentaba ayudar. Que lo hiciera bien era otra historia, pero al menos trataba de ayudar a su esposa.

—Elías, ¿estás muy desocupado? Te lo ruego, deja de pasearte frente a mí. No haces nada bien, solo estorbas. Mejor ve a cuidar a tu amiga de la infancia; uno se siente muy solo cuando está enfermo..

—Isabela, tú… tú no harías eso. No eres esa clase de persona.

Isabela soltó una risa fría y volvió a darle la espalda.

Por la tarde, iría a la mansión de los Méndez para exigirle a Jimena los regalos de boda que se había apropiado.

—Elías, subestimas a alguien que ya murió una vez.

¿Alguien que ya murió una vez?

Elías se quedó lleno de dudas al escuchar esa frase.

—Isabela…

El celular de Elías sonó de nuevo. Esta vez era el ama de llaves de la familia Méndez, pidiéndole que fuera porque Jimena tenía fiebre alta y estaba a punto de desmayarse.

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