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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 438

—¿Qué asuntos fuiste a arreglar a casa?

Preguntó Nuria con preocupación.

—¿Puedo ayudar en algo?

—No, no hace falta, tampoco podrías ayudar. Estoy hablando con Vanessa sobre el divorcio.

Nuria soltó un «oh», pero su voz llevaba una clara sonrisa:

—Entonces, ¿te mando la merienda a tu casa?

—No, voy a salir pronto. Cómetela tú.

—Está bien. ¿Vendrás a cenar esta noche? Últimamente vienes seguido y eso hace muy feliz a Iván.

Lorenzo trataba muy bien a su hijo menor, pero le dedicaba poco tiempo.

Las pocas veces que sacaba tiempo para estar con él, Iván se ponía muy contento.

Realmente le daba muy poco tiempo al niño.

Tendría que compensarlo bien en el futuro.

—Está bien.

Nuria colgó satisfecha tras obtener su promesa.

Luego le envió un mensaje a Vanessa preguntando: «¿Lorenzo aceptó el divorcio?».

Vanessa respondió con un simple «Sí».

Nuria estaba loca de alegría.

Después de ser la amante secreta de Lorenzo por once años y tener un hijo de diez, por fin se convertiría en la oficial, la señora de la casa y entraría en la alta sociedad. En el futuro, ella y su hijo podrían entrar y salir de la familia Méndez con la frente en alto.

Su hijo ya no cargaría con el estigma de ser ilegítimo.

¡Ella se apoderaría de todo lo que pertenecía a la familia Méndez!

—Lorenzo, todavía tengo muchas cosas sin empacar. Voy a subir a arreglar todo. Antes de tener el acta de divorcio, te aseguro que me habré llevado todo lo que es mío.

—Está bien, ve a empacar. Puedes llevarte lo que es tuyo, lo que usabas y a lo que estás acostumbrada.

Lorenzo agregó:

—Luego compraré cosas nuevas.

—Se durmió en cuanto subió al coche.

—Entonces, ¿vamos a la empresa o a la casa?

Preguntó el chofer.

Isabela respondió:

—A la casa. Duerme como un tronco, no tendría energía para trabajar en la oficina. Que vaya a casa a dormir todo el día.

El chofer volteó a ver, asintió y siguió conduciendo.

La distancia entre la mansión Méndez y la villa de Elías no era mucha, así que llegaron pronto.

La pareja llevaba varios días sin ir a casa.

Ana fue quien abrió la puerta.

El auto se detuvo en la entrada. Isabela no podía meter a Elías a la casa ella sola; la última vez que él se emborrachó y ella tuvo que ir a recogerlo, lo arrastró como un peso muerto.

Bajó del auto y dio instrucciones a los ocho guardaespaldas que bajaron del vehículo de escolta:

—Elías se quedó dormido. Llévenlo adentro.

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