El Grupo Rivas y el Grupo Silva eran enemigos mortales en los negocios.
Arturo vigilaba cada movimiento de Elías.
Por lo tanto, Arturo también estaba al tanto de cómo iba la relación entre Elías e Isabela.
Y si él lo sabía, Melina lo sabía.
Su hermano mayor dijo que Isabela le había pedido el divorcio a Elías, y que esa parejita, con solo unos meses de casados, estaba destinada al fracaso y tarde o temprano se divorciarían.
Arturo decía eso con regocijo; si a su enemigo le iba mal, él era feliz.
Pero lo que nunca imaginó, ni en sus sueños más locos, era que su propia prima quisiera emparejarlo a él o a su primo con Isabela.
Si supiera que su hermana estaba angustiada por su vida amorosa, jamás habría soltado esos comentarios burlones frente a ella.
—Si no aparto lugar, me da miedo que alguien más te gane.
Isabela sonrió con resignación:
—Señorita Rivas, sé perfectamente lo que valgo. No soy tan cotizada.
Melina sonrió sin mencionar que Álvaro estaba esperando su turno.
Las intenciones de los hermanos Álvaro y Carolina no se le escapaban.
Su hermano mayor se había burlado más de una vez frente a ella, diciendo que a Álvaro le gustaba Isabela, y que como Elías no olvidaba a la esposa de su amigo Emi, resultaba que su amigo tampoco olvidaba a la esposa de Elías.
Decían que era el karma de Elías.
Arturo también decía que estaba esperando a que Elías e Isabela se divorciaran para que Álvaro cortejara a Isabela, asegurando que eso mataría de coraje a Elías.
Sin importar si Elías sentía algo por Isabela o no, que un amigo persiguiera a su exmujer le caería como patada en el hígado.
Arturo simplemente quería ver a Elías sufrir.
No contaba con que su hermana vendría a apartar lugar.
—Si sigues casada con Elías, haz de cuenta que no dije nada hoy, no te lo tomes a pecho, no quiero afectar tu relación con él.
Los ojos de Isabela se iluminaron.
—¿Qué proyecto? ¿Podemos invertir? No tenemos mucho capital líquido.
Álvaro le había comentado que Carolina tenía un buen proyecto y le sugirió invertir, pero ella sentía que tenía muy poco dinero y no se atrevía a preguntarle a Carolina.
No esperaba que Melina se adelantara ofreciéndoles la oportunidad.
—Inviertan lo que tengan, luego repartimos las ganancias proporcionalmente. No dejaré que salgan perdiendo.
—Isabela, tú viste futuro en la industria de las miniseries y me convenciste de invertir, dándome buenas ganancias. Ahora yo tengo un proyecto en el que confío y las invito, es mi forma de devolver el favor.
—Somos amigas y socias, hay que ganar dinero juntas.
—¡Va! Sea el proyecto que sea, si tú le ves futuro, invertimos. Al rato hago cuentas de cuánto puedo sacar y le entro con todo lo que tenga.
Mónica añadió:
—Al negocio de mi familia le va bien, le pediré prestado un poco a mis papás. Como dice Isabela, sea lo que sea, si tú lo apruebas, las dos le entramos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda