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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 448

—Isabela sabe manejar y tiene carro, ¿para qué necesitas ir por ella? Elías, hace mucho que no bebemos los tres juntos. Jimena está muy deprimida, siente que ya no te importan tus amigos.

—Lo rojo de la cara ya se le bajó, pero llora a cada rato. Cada que se acuerda de lo de hoy, se pone mal.

—La intento consolar y nada. Nunca en su vida sus papás le habían pegado ni gritado así, y hoy le tocó todo junto. Mi suegra tiene la mano pesada, le dejó los dedos marcados de una cachetada.

—Mi suegro nos puso una regañiza monumental a los dos y nos ordenó disculparnos con ustedes. Elías, nos equivocamos, tienes que darnos la oportunidad de corregirlo y disculparnos.

—Crecimos juntos. Desde que tengo memoria, mis compañeros de juego han sido tú y Jimena.

—Son casi treinta años de amistad, no se puede ir todo al diablo por esto.

Rodrigo pintaba a Jimena en el teléfono como la víctima más lastimable del mundo.

De hecho, Jimena sí estaba muy triste.

Los regaños de su padre, la cachetada de su madre y la falta de tolerancia de Elías eran cosas difíciles de tragar para ella.

Los reclamos de sus padres se debían mayormente a que sentían que ella los había avergonzado.

Pero que Elías dejara de tolerarla era el cuchillo más afilado, el que la dejaba sangrando.

En cuanto la pareja pensaba que Elías ya no les pasaría ni una y que todo lo trataría como negocios, sabían que ya no obtendrían beneficios del Grupo Silva y las oportunidades de colaboración disminuirían.

Sin la cooperación del Grupo Silva, el Grupo Méndez sería superado por otras grandes empresas, y sus rivales aprovecharían para darles con todo.

La llamada de Rodrigo era pensando en el futuro de su familia Méndez.

Solo de pensar que Isabela pudiera ser la esposa de otro y estar cariñosa con otro hombre, Elías se angustiaba y sentía una punzada de dolor en el pecho.

Como le dijo a Tomás, en realidad no quería divorciarse.

Si podía retenerla, lo haría; si de plano no había remedio, tendría que aguantarse el dolor y darle su libertad.

Últimamente Álvaro no había aparecido. ¿Se le habría quitado esa idea de la cabeza?

Aunque Álvaro nunca dijo explícitamente que le gustaba Isabela y no convivía mucho con ella, Elías sentía que a Álvaro le gustaba, solo que no se atrevía a actuar por respeto a su amistad.

En cuanto él e Isabela se divorciaran y ella fuera libre, a Álvaro ya no le importaría la amistad.

—Puedes mandar al chofer o a los guardaespaldas. Además, Nuevo Horizonte es muy seguro. Y aunque Isa no sepa artes marciales, es brava para los golpes. Se ha peleado con medio mundo desde chiquita, tiene experiencia.

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