—Sin embargo, todavía quiero recuperarla. Voy a cortejarla de nuevo.
Álvaro dijo:
—Ya te lo había dicho: ya que te casaste con ella, trátala bien y deja de pensar en Jimena. Ella nunca te eligió a ti, de principio a fin.
—Pero tú, en tu noche de bodas le dijiste la verdad a Isabela. ¿Cómo no iba a enojarse? ¿Cómo no iba a resentirte?
—Después de casados, la lastimaste una y otra vez por culpa de Jimena. Ella no es de piedra, siente dolor. Terminaron por matar el amor hasta que se decepcionó por completo. Elías, no temo que te enojes, pero has acabado así por tu propia culpa.
—No me das ninguna lástima. Si en el futuro te toca sufrir y rogar para recuperarla, te lo tienes bien merecido.
Si Elías e Isabela se divorciaban, Álvaro ya no ocultaría que le gustaba Isabela.
La cortejaría abiertamente. Aceptara o no sus sentimientos, él la trataría bien.
Elías soltó un par de resoplidos fríos:
—Tú te mueres de ganas de que Isabela y yo nos divorciemos, ¿verdad?
—¿Alguna vez he dicho que quiero que se divorcien? Cuando Adrián y yo te aconsejamos, ¿acaso no te decimos siempre que trates de llevar una buena vida con Isabela?
La réplica de Álvaro dejó a Elías sin palabras.
—Elías, no deberías hablarle así a Álvaro. Somos tus amigos y te hemos aconsejado muchas veces. Nosotros somos testigos de lo que pasa entre tú e Isabela.
—Solo porque Álvaro le compró una cometa a Isabela en la playa, le has guardado rencor hasta ahora y lo tratas como a un rival. Pero si tú no amabas a Isabela, no había necesidad de ver a Álvaro como competencia.
—Si a Álvaro le gustara Jimena, entendería que te la agarraras contra él.
Elías tenía mala cara. Guardó silencio un momento y se disculpó con Álvaro:
Siempre y cuando Elías olvidara por completo a Jimena y amara a Isabela, ambos serían muy felices, porque cuando Elías trataba bien a alguien, lo hacía con todo el corazón.
Elías asintió.
No le quedaba de otra.
Quién le mandaba lastimarla tanto.
Nunca imaginó que llegaría el día en que no querría dejar ir a Isabela.
Si hubiera sabido que le costaría tanto dejarla, ni muerto le habría confesado la verdad de por qué se casó con ella en su noche de bodas.
—Adrián, ¿cómo van las cosas con la señorita Torres? ¿Aún no te ha dado el sí?
Elías cambió de tema y preguntó por la situación de Adrián y Mónica.

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