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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 550

Rodrigo tomó la botella. —¿A estas horas fuiste a comprar alcohol?

—Se me antojaron unos tacos y una chela, así que salí. Tampoco es tan tarde para nosotros, hemos trabajado hasta la madrugada muchas veces.

La secretaria le ofreció un taco a Rodrigo. — Usted casi no come estas cosas, ¿verdad? Me imagino que su esposa no lo deja comer en puestos de la calle.

—Aunque sea puesto callejero, todo lo hicieron al momento. Vi cómo asaban la carne, así que no creo que nos haga daño. Y huele muy bien.

Rodrigo le dio una mordida. —Mi esposa jamás me dejaría comer esto, ella tampoco lo come. Ella es de lugares exclusivos y restaurantes finos. Si se nos antoja carne asada, la hacemos en la casa; generalmente yo soy el que está en el asador.

La secretaria comió y dijo: —Escuché que usted y su esposa se conocen desde niños, igual que el señor Silva. Qué envidia, muchos amores de infancia no llegan a nada, pero ustedes se ven muy enamorados. El señor Silva también trata muy bien a su esposa, siempre se le ve una mirada muy tierna cuando la ve.

Rodrigo asintió. —Sí, Elías, mi esposa y yo crecimos juntos. Elías trata a mi mujer como reina, a veces hasta me dan celos. Pero ella me ama a mí, me eligió a mí, así que confío en ella.

Jimena mantenía a Elías cerca y el que ganaba era él. Podía sentir celos, pero nunca le reclamaría a Jimena.

La secretaria sonrió con malicia. —El señor Rodrigo es muy tolerante.

—Confío en Elías, es mi compadre. La mujer del amigo es sagrada, él es un caballero.

***

El sol salió temprano, anunciando un día despejado. Isabela despertó de un sueño profundo; ella, que solía quedarse cinco minutos más en la cama, hoy se levantó de un salto. Se lavó la cara, se vistió y abrió las cortinas de par en par. La luz suave de la mañana inundó la habitación, levantándole el ánimo de inmediato.

Desde su ventana solo se veía una esquina del jardín. Esa no era su habitación original; se había cambiado a esta cuando su suegra vino de visita, y aunque la señora se fue rápido, Isabela nunca regresó a la principal. Pero hoy, hasta esa esquina del jardín le parecía el paisaje más hermoso del mundo.

Hoy, por fin, se divorciaba de Elías. El divorcio era su verdadero renacer. En su vida pasada, apenas se divorció ocurrió la tragedia y murió de forma horrible. En esta vida, el divorcio era pacífico y los secuestradores que le hicieron daño antes ya estaban tras las rejas. Esta vez, todo saldría bien.

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