—Elías, Isabela.
Una voz familiar los llamó.
No hacía falta ni mirar para saber quién era.
Jimena.
Isabela miró a Jimena, que trotaba hacia ellos, y una sonrisa sarcástica apareció en sus labios:
—Tu amorcito ya llegó. Está esperando a que nos divorciemos.
La cara de Elías se descompuso por completo.
No sabía por qué había venido Jimena. ¿A qué venía?
Ah, claro. Anoche le contó a Rodrigo que él e Isabela se divorciarían hoy. Seguro Rodrigo se lo dijo a Jimena.
Anoche Rodrigo le pidió que fuera a ayudar a Jimena a echar a Nuria Valdez, pero él se negó.
Los asuntos de la familia Méndez ya no tenían nada que ver con él, a menos que Isabela siguiera siendo la hija de los Méndez.
Jimena llegó trotando, un poco agitada.
Sacó una botella de agua de su bolso y se la tendió a Elías.
—Elías, ábreme la botella, por favor.
Elías, por instinto, tomó la botella y desenroscó la tapa. Era algo que él y Rodrigo habían hecho innumerables veces. Tras abrirla, se la devolvió a Jimena.
Jimena bebió un par de tragos y dijo:
—Escuché a Rodrigo decir que hoy se divorciaban, así que vine corriendo. Estaba cansada y sedienta, no tuve ni tiempo de tomar agua.
—Elías, Isabela, ¿de verdad se van a divorciar? Llevan muy poco tiempo casados. Es normal que las parejas tengan pequeños conflictos o malentendidos; solo hay que aclararlos.
—No es para llegar al punto del divorcio.
Aunque por dentro deseaba que se divorciaran, por fuera Jimena fingía querer persuadirlos.

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