Irene nunca había hablado mal de Melina. Si alguien criticaba a Melina frente a ella, Irene simplemente se marchaba; no le gustaban los chismes, y a veces incluso refutaba a los criticones.
A ojos de Melina, Irene era una persona con principios, solo que muy fría. Se preguntaba qué hombre lograría conquistar a esa flor inalcanzable de la familia Delgado.
—De acuerdo.
Tras acordarlo, Carolina se fue con su hermano.
Cuando el coche se alejó del hotel, Carolina dijo con tono de disculpa:
—Hermano, lo siento. Te hice venir en balde, no esperaba que apareciera Elías.
Álvaro había ido porque ella le envió un mensaje.
Al ver que Isabela estaba borracha, le pidió a su hermano que fuera a llevarla a casa para ganar puntos con ella.
—No pasa nada, hay tiempo. Mientras Isabela no vuelva con él, tu hermano tiene oportunidad.
—Elías sigue siendo un rival difícil, quiere recuperarla —añadió Álvaro.
Carolina soltó un par de resoplidos fríos.
—Ahora quiere recuperarla, ¿y antes qué? Le rompió el corazón, y ahora que se arrepiente, pide perdón y suplica. ¿De qué sirve? ¿Acaso eso borra el daño que le causó?
—Isabela no volverá atrás. Ella misma dijo que no tropieza dos veces con la misma piedra.
—Hace un momento no quería que Elías la llevara. Murmuraba que por fin se había librado de él, que ya no tenía que morir.
Carolina reflexionó:
—Hermano, sobre el accidente de Isabela, ¿de verdad no hubo un autor intelectual? ¿Por qué diría que al dejar a Elías ya no tendría que morir?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda