—¿Tu hermano está herido? ¿Se peleó con Álvaro? ¿Por qué se pelearon, si son amigos?
»¿De dónde sacaste eso?
Sofía respondió:
—Estoy aquí en el hotel, el gerente me contó. Mi hermano le pidió algo para las heridas y cuando le pregunté, me soltó la sopa. Justo iba pasando por ahí.
»Fui a tocarle la puerta, pero no me dejó entrar.
—Está bien, voy para allá ahorita mismo, no te preocupes —dijo Jimena.
—Córrele, Jimena. Mi hermano solo te hace caso a ti.
Sofía la apuró.
Jimena colgó y salió apresurada.
¿Cómo que Elías y Álvaro se habían peleado?
¿Y cómo era posible que Isabela lo supiera y no le importara? ¿De verdad ya había superado a Elías?
Antes, cualquiera podía ver que Isabela se moría por él.
Realmente ya no le importaba.
Estaban en trámites de divorcio, al fin y al cabo.
Isabela ya había dejado atrás esos sentimientos.
Álvaro le había dicho que Elías empezó la pelea. Ella trató de explicarle, pero Elías no le creyó; insistía en que había algo entre ella y Álvaro, viéndolo como un rival, y fue a buscarle bronca en plena inauguración.
Se lo había buscado él solito.
Después de despedir a los amigos y familiares, Isabela regresó a la tienda.
Se sentó en la caja y le dijo a su amiga:
—Qué cansado es ser anfitriona.
—Sí que lo es, pero es nuestra primera tienda, había que celebrar e invitar a la gente a comer para que se viera movimiento.
Ver el local lleno y con buenas ventas hacía que el cansancio valiera la pena.
Claro que, al ser inauguración, había promociones y descuentos, así que era normal que hubiera gente. La prueba de fuego sería cuando se acabaran las ofertas.

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