Ciertamente no tenía prejuicios contra Isabela, pero tampoco era la nuera que había imaginado. Acababa de decir que aceptaría a cualquiera que su hijo amara, siempre y cuando fuera de buena familia y decente.
Oponerse ahora sería contradecirse a sí misma.
Además, sabía que Isabela había sido arrastrada a esa situación por Elías; el error era de él, Isabela era una víctima.
Después de un largo silencio, la señora Morales dijo:
—Álvaro, déjame procesarlo. Estoy un poco confundida, jamás imaginé que te fijarías en Isabela.
—A todo esto, que Caro se hiciera amiga de ella y se asociaran, ¿fue idea tuya? ¿Usaste a tu hermana para acercarte a Isabela?
Álvaro negó:
—Claro que no, mamá. Caro e Isabela se cayeron bien, se hicieron amigas y socias por su cuenta, yo nunca me metí.
—Isabela tiene don de gentes. No solo es amiga de mi hermana, hasta se hizo amiga de Melina, y mira que ella tiene un carácter difícil. Eso habla muy bien del carisma de Isabela.
—Mamá, ya que lo adivinaste, no te lo voy a ocultar. Me gusta Isabela. No sé cuándo pasó, simplemente sucedió sin darme cuenta.
La señora Morales pensó en la situación actual de Isabela. Ya estaba logrando cosas; las microseries en las que invirtió estaban dando dinero, y hace poco una se hizo viral, según Caro le había tocado una buena ganancia.
La chica tenía optimismo y ganas de salir adelante.
En el pasado fue engañada por Elías. Estaba ciega, se casó con él y se convirtió en su peón, pero no se le podía culpar.
Ese sinvergüenza de Elías actuó demasiado bien cuando fingió cortejarla.
Ante el cortejo de un hombre joven, exitoso, guapo y rico como Elías, ¿cómo iba a resistirse?



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